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The Drowned Giant

Anna Moreno

I. DESPERTANDO AL GIGANTE

Imagen: Laura San Segundo

Paco Couto, el 4 de abril de 2014, 2:58 escribió:

“Recuerdo una prohibición muy curiosa. Resulta que Ricardo Bofill (...) pretendía hacer una promoción en Madrid al estilo del Walden, creo que se llamaba La Ciudad del Espacio (...) Eligió Moratalaz y allí montó un basamento de hormigón sobre el que colocó una estructura tubular, como la de los andamios, en la que al nivel de un primer piso cantaba un tío con su guitarra acompañado de un bajo y un batería. Resulta que el que cantaba era Taj Mahal. No sé cuantos días estuvieron allí haciendo música. Fui un par de tardes y no duró más el asunto porque lo prohibieron, supongo que preventivamente, pues aquello era de los más pacífico e idílico que se pueda imaginar. Claro que en aquellos momentos, año 70, el alcalde de Madrid era Arias Navarro que ya contaba con un abultado historial de represión.”(1)

Se escucha de fondo el ruido del motor de una Harley Davidson que recorre un descampado en Moratalaz (Madrid) donde dicen que en el año 70 sucedió un happening. Estuvo organizado por el equipo de Ricardo Bofill para promocionar un proyecto de vivienda social que se iba a construir allí, llamado La Ciudad en el Espacio. También dicen que, apenas este happening había comenzado -sin permisos- llegaron los grises, los metieron a todos en el cuartelillo y ahí terminó todo. Y circulan rumores, no contrastados, de que a causa de este evento el gobierno de Arias Navarro censuró todo el proyecto, y nunca se llegó a construir.

Es junio de 2017 y montada de paquete en esa Harley, cargo una cámara Súper 8. Aunque lo que veis no es lo que yo grabo. Lo que veis es mi reflejo y lo que oís es el traqueteo de los mil y pico cilindros, riffs de guitarras de blues y voces escarbando en la memoria. Unos días después de obtener estas imágenes, volví a hacer el happening que había organizado el Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill en ese mismo descampado de Moratalaz, 47 años después del original.(2)

Imagen: Anna Moreno

El proyecto nunca realizado de La Ciudad en el Espacio adquirió inmediatamente una gran relevancia a nivel teórico. El mismo año del happening l’Architecture d’Aujourd’hui(3) publicaba un extenso reportaje sobre el Taller de Arquitectura.

De entre los múltiplos ensayos dedicados a la Ciudad en el Espacio, lo que me inquietó fue la total inexistencia de referencias sobre el happening. En ese vacío de documentación fue donde empecé a investigar, dándome cuenta de que tendría que tirar de muchas conversaciones, de imaginación y de empatía para reconstruir, a modo arqueológico, lo que había sido aquello.

Hoy estamos viviendo un momento de recuperación de ciertos relatos utópicos de los 70, elevando a calidad de acontecimiento sucesos que en su momento se retrataron como marginales, minoritarios y de los que no se apreció debidamente su posible impacto social o cultural. En cuanto a la arquitectura, podríamos fijarnos en la fascinación actual por la arquitectura utópica o la recuperación de ciertos proyectos cooperativistas de la época que va del tardo-franquismo a los primeros años de la Transición. En cuanto a artes, música y política podríamos considerar las Jornadas Libertarias en el Parc Güell, Barcelona, en 1977, o los Encuentros de Pamplona en 1972. Estos últimos, por ejemplo, volvieron a tomar importancia a través de nuevas exposiciones, publicaciones y simposios, como hizo el MNCARS en 2009 con “Encuentros de Pamplona 1972: fin de fiesta del arte experimental”.(4) Durante uno de los eventos que tuvieron lugar a raíz de la exposición, la performer Esther Ferrer, miembro del grupo ZAJ en el momento de los Encuentros, se refirió a este giro nostálgico, de alguna manera mitificador de los proyectos experimentales de los 70. Ferrer quiso diluir el presunto radicalismo de los Encuentros, clasificándolos como mayormente despolitizados, y remarcando la total ignorancia del régimen franquista (o mejor dicho, absoluta indiferencia) sobre lo que allí pudiera suceder. Insiste Ferrer incluso en cómo era más provechoso estratégicamente no politizar el evento, ya que el tardo-franquismo destacó por ese laissez-faire que a su vez le confería una falsa imagen de apertura.(5)

Por lo tanto, podríamos decir que tropezarme con la “marcianada” del happening de Bofill suponía una excusa perfecta para investigar las consecuencias de recuperar un momentum específico alejándonos a la vez de la mistificación de ese momento, precisamente gracias a las contradicciones y al giro ideológico de 180 grados de su autor. Anna Puigjaner y Guillermo López describen este giro en su artículo “Revisiting Systems: Ricardo Bofill and Waldenmania,” para Avery Review(6), donde destacan la figura de Ricardo Bofill como representativa de una tensión entre el presente y el pasado, centrándose en el contexto tardo-franquista y la crisis de vivienda de los ‘60, momento de formación del Taller de Arquitectura, que guarda paralelismos con la crisis inmobiliaria actual. En 1970, La Ciudad en el Espacio planteaba un método radical de agregación modular y un plan de crecimiento sin plano previo, mutándose y adaptándose al modus vivendi de los vecinos. Una apología de la autogestión y una carga de conciencia social que el Bofill posterior se ha encargado muy bien de aligerar:

Imágenes de l'Architecture d'Aujourd'hui donde se ven dibujos de La Ciudad en el Espacio con mensajes ideológicos como "La ciudad es usted", "Coexistencia", "Mística", "Tiempo para todos y todo", "NO a la planificación urbana esquemática", "El oro es tiempo para amar". Imágenes: Anna Moreno.

“Este cambio elimina implícitamente la marcada ideología de sus primeros trabajos, quitando cualquier rastro de idealismo previo en una operación de comercialización y globalización de su propio estudio como marca. Evidentemente, la historiografía se basa en la re-interpretación continua del pasado, en la continua reformulación de un objeto bajo una interpretación discontinua y cambiante. Pero cuando lo que cambia es la propia declaración del autor sobre su trabajo, es importante entender sus posibles motivaciones y confrontar estos cambios de opinión con el devenir del tiempo.“(7)

The Drowned Giant pretendió así recoger una comprensión crítica de la historia de un evento -el happening de Moratalaz-, y lo que significa para el día de hoy. Como sugieren Puigjaner y López , la evolución de la retórica de Ricardo Bofill revela hasta qué punto una interpretación ideológica del evento, del objeto arquitectónico o del proyecto utópico puede neutralizar su naturaleza original, o re-apropiarse incesantemente bajo nuevos paradigmas.

II. ÉRAMOS LOS QUE ÉRAMOS

Imagen: Laura San Segundo

Durante mi estancia en Madrid como artista residente en el CA2M y la Casa Encendida, conocí a Lluís Alexandre Casanovas(8), un arquitecto e investigador interesado en la relación entre performance y arquitectura. Fue un encuentro providencial, ya que Lluís llevaba años investigando el flirteo del Taller con lo performativo y sus aproximaciones al Living Theater y a las teorías de Artaud, entre otros. Descubrimos que habíamos tenido trayectorias casi paralelas, que habíamos entrevistado a los mismos protagonistas y que, no sólo nos habíamos encontrado con reticencias similares a la hora de acceder a la documentación, sino que las pocas certezas que teníamos sobre cómo se había desarrollado el happening eran a menudo contradictorias.

Hablando con Lluís de estas barreras metafóricas, me decía que si todo este discurso formara parte de la historia oficial del Taller de Arquitectura, lo entenderíamos de manera muy diferente. Dudamos de si la reticencia a recuperar el espíritu utópico del Taller tenía que ver con un retro-gusto de fracaso, o con haber renunciado al sueño utópico demasiado deprisa. El mismo Bofill, al ser preguntado recientemente por La Ciudad respondía que “un día os puedo hablar de La Ciudad en el Espacio para que sepáis lo que no hay que hacer”.

Detalle de la instalación “Éramos los que Éramos” en la exposición “En los Cantos Nos Diluímos”, comisariada por María Montero para la Sala de Arte Joven (Madrid, 2017). Imagen: Galerna.

Polémicas aparte, nos pareció interesante ahondar en por qué, aún siendo un trabajo intensivo desarrollado a lo largo de unos cinco años, sus mismos protagonistas no parecían estar muy interesados en recalcar su importancia. A la vez, nos dimos cuenta de que quien custodiaba la información, ya fuera en formato físico o como memoria, no la consideraba relevante y, por este motivo ni circula ni es de fácil acceso a los interesados. Mi proceso de contacto y aproximación a las personas involucradas en el happening de Moratalaz tuvo mucho de seducción y de diplomacia, y sólo conseguí que se abrieran las grietas en el momento en el que ellos se sintieron más fascinados por la imposibilidad de un reenactment y por mi terquedad, y por lo tanto menos reticentes a escarbar en un pasado que, por algún motivo, todavía desata algunas incomodidades. Detectar estas fricciones me llevó a sospechar que si no consideraran relevantes estos momentos más experimentales y performativos del Taller, no les costaría tanto compartirlos.

La decepción por haberse quedado en el terreno de lo utópico hace que La Ciudad agarre un tono nostálgico a lo James Dean. De alguna manera, al hablar con Peter Hodgkinson, Gila Dohle, Toti Soler, y otros de los que estuvieron allí, me transmitieron que hoy, pasados más de 40 años, siguen sintiéndose avanzados a su tiempo. Y eso tiene mucho de la gauche divine de la época, y de una actitud casi elitista frente a la autogestión.

Imagen: Laura San Segundo

Lluís me señaló una tensión existente entre la figura del arquitecto comprometido cultural y políticamente, y el posicionamiento elemental de esa figura: construir. El interés de Bofill por los proyectos no-jerárquicos, rozando incluso el anarquismo, es cosmético: Todos afirman que el happening era una estrategia para vender pisos. Eso desmonta toda fascinación o mistificación de una utopía performativa en el Taller de los 70. Y prueba su capacidad para capitalizar muchos tipos de formatos surgidos en esa época. Sí, tal vez movidos por una voluntad de construir, pero es esa voluntad la que lleva al mismo Ricardo Bofill a declararse “el principio del star-system”.

Una posible resolución a esta tensa dualidad entre la reivindicación estética de lo anárquico-performativo que hace el Taller en los 70 y su intención última de construir y vender, se encuentra en una acentuada voluntad pedagógica que a veces roza el paternalismo. Tanto en La Ciudad en el Espacio como luego en el Walden 7 el proceso de conceptualización de los proyectos tiene un fuerte componente sociológico-psiquiátrico desde el punto de vista de análisis y control del comportamiento.

El Taller especifica cómo deben vivir los individuos, no sólo a nivel espacial sino a ideológico, e incluso moral. El paternalismo viene dado porque ambos proyectos proveen al futuro ciudadano de todos los espacios donde se puede desarrollar su vida privada (estancias) y publica (sitios comunes… etc). De esta manera, sus habitantes debían ser no tanto maleables como predispuestos, y eventos como el happening de Moratalaz actuaban como filtro: El que no se anunciara no responde solo a la falta de permisos, sino en el boca a boca como estrategia para establecer una red de personas afines, entre las cuales se encontrarían las que finalmente adquirirían un piso sobre plano en las oficinas del descampado.

Imagen: Anotaciones preparatorias para los cuestionarios de los futuros habitantes del Walden7. Gentileza de RBTA (Ricardo Bofill Taller de Arquitectura)

III. IN A GADDA-DA-VIDA(9)

En diciembre de 2016 fui a visitar a Peter Hodgkinson en su retiro vinícola cerca de Falset (Cataluña), para que me contara acerca del happening y para que me dibujara de memoria el escenario que montó en Moratalaz. Hodgkinson, que había trabajado en Archigram antes de entrar en el Taller, fue el máximo responsable del evento. Por aquel entonces era también batería del grupo de rock psicodélico y jazz fusión OM, fundado por el guitarrista Toti Soler y completado por el bajista Manolo Elías.

Fue conversando con Hodgkinson cuando descubrí la existencia de una película rodada durante el montaje del escenario en Moratalaz, junto con dos o tres fotografías raídas. De paquete en una vespino, Hodgkinson daba vueltas alrededor del descampado de Moratalaz filmando con una Súper 8: Cortes de señales de tráfico, gente paseando por la ciudad, explosiones nucleares. La cámara recorre el escenario. Dos o tres pisos de andamiaje pintado de amarillo sobre una plataforma trapezoidal de cemento. Al subir, más señales de tráfico, trajes de astronautas y uniformes de la legión (comprados en el Rastro según Hodgkinson), todo rodeado de tubos de plástico blando, transparentes, manchados de pintura (intestinos, según Hodgkinson; cosas raras de arte, según Toti Soler). Sobre el terreno polvoriento, un poco más lejos de la base de cemento, Daniel Argimón, pintor catalán hoy ya fallecido, extendía dos superficies gigantescas de madera que, una vez pintadas, cubrirían ambos lados de la estructura, tapando parcialmente los pisos superiores.

Imagen: Laura San Segundo

Hodgkinson se mostró reacio a prestarme esos documentos, así como a recordar detalles sobre las motivaciones reales del happening. Falta confirmar si en el sótano del escenario, dentro de la plataforma de hormigón, habría habilitadas unas oficinas donde se ofrecía información y venta de pisos sobre terreno y donde, posiblemente, un performer vestido de pera recibía a los interesados.

La única mención real que se encuentra sobre el happening es una línea en una entrevista a Taj Mahal durante su visita a España en 2005: “¿Moratalaz? ¿Estuviste en Moratalaz? ¡Es fantástico! Sí estuve tocando en “La Ciudad del Espacio” y aquello fue muy especial (...) algunos amigos, un inglés y cuatro españoles me lo pidieron. El inglés era arquitecto [Peter Hodgkinson], estaba dentro del proyecto de “La Ciudad del Espacio” y me propuso ir a tocar allí. Querían hacer una ciudad diferente y querían atraer a un público especial… Poco a poco fue llegando gente y más gente… Boca a boca fue corriendo la noticia, era increíble (...) [Duró] dos o tres días, creo que fueron tres. Al tercero, de repente, apareció la Guardia Civil y no le gustó nada ver tantos hippies y gente rara por allí… Poco a poco se había concentrado mucha gente, no sé como lo descubrieron, pero fue fantástico”.(10)

El entrevistador resultó ser Ramón del Solo, experto en blues y que no sólo es vecino de Moratalaz sino que estuvo en el happening con 14 años. Ramón fue la primera persona con quién conversé, tomando cañas en el bar Riego, a escasos metros del descampado, un lluvioso día de enero de 2017.

Imagen: Dibujos de memoria del escenario en Moratalaz. Izquierda: Peter Hodgkinson. Derecha: Toti Soler

Ahora Moratalaz es un barrio brutalmente edificado por un monopolio de la construcción llamado URBIS, que tiene un papel bastante oscuro en la politización de la especulación inmobiliaria española. También es un barrio relativamente joven y está en ese momento en el que sus habitantes empiezan a tomar conciencia de la importancia de tener su propia historia. Desenterrar el gigante de La Ciudad en el Espacio podía parecer ínfimo, pero durante mi estancia en Madrid tanto vecinos como entidades me prestaron apoyo y entusiasmo porque consideraban la cancelación de ese proyecto como un punto de inflexión que determinaría la realidad del barrio como lo conocemos ahora. En Moratalaz se están despertando ahora radios que quieren recopilar relatos de gente mayor, archivos históricos, e incluso se programa un festival internacional de blues para septiembre de 2018 (organizado por Ramón del Solo, entre otros). Cuando nos dejamos llevar por la mistificación de lo que “podría haber sido” no nos damos cuenta de que quizá lo que “es” no esté mal del todo.

IV. EL ENTRAÑAMIENTO

¿Cómo se puede restituir ese happening? ¿Cómo funcionaría un reenactment de un evento del que no tenemos registro? Es Hegel quien nos indica que la historia debe copiarse a sí misma y de esta manera registrar correctamente el paso de los acontecimientos. Sólo una segunda vez nos permitirá cincelar el evento en la memoria. Aunque el padre de los happenings, Allan Kaprow, indicara que “a happening happens only once”(11), el happening de Bofill y su reenactment se conectan a través del relato y la reinterpretación. En el segundo evento se unen testigos del original con aquéllos para los que esta segunda vez fue su primera.

Dora García habla sobre la imposibilidad del retorno de lo idéntico, insinuando que lo que regresa no es la repetición sino la posibilidad de lo que fue: “Hay algo apocalíptico sobre la repetición. Identificamos la repetición como un nuevo comienzo, y este nuevo comienzo sólo puede suceder después del colapso del estado presente de las cosas. El Escathon, el Fin de las Cosas es un evento que es a la vez en el futuro y en el pasado: es a la vez profecía y leyenda”(12)

En nuestro caso, el reenactment de Moratalaz ofreció la posibilidad de volver a entender el entusiasmo. Si nos fijamos en otros ejemplos de lo subversivo o de la contracultura de la época convive una visión entusiasta por lo que respecta a la idea de progreso social y tecnológico, o por lo menos con vislumbrar una posibilidad de cambio en un futuro cercano, con un primer atisbo del desencanto o del cinismo del “hashtag doom” en el que habitamos actualmente. Precisamente lo que me interesó al recuperar esa época más utópica del Taller de Arquitectura fue el descaro neoliberal de vincular lo performativo con el real estate. Ese estudiado giro añadía un componente cínico y por lo tanto contestatario a ese entusiasmo que podríamos identificar con el tardo-franquismo o con un post-Mayo del ‘68.

The Drowned Giant toma su título de un relato breve del escritor de ciencia ficción británico J.G. Ballard (1964), que describe la aparición del cadáver de un gigante en un pueblo costero, como si de Gulliver se tratara. Al tiempo, los restos del ente desaparecen, se pudren o se desclasifican, de manera que nadie recuerda bien si ese evento sucedió o si se trata de una leyenda. La recuperación del happening de Moratalaz invierte la paradoja del barco de Teseo partiendo de relatos afectivos e inconclusos, ahondando en la revisión de un evento como acto de interpasividad contemporánea. Dijo Ballard que lo más aterrador no era un futuro apocalíptico con zombies y guerras nucleares sino la idea de un futuro en el que no pasara absolutamente nada.

Imagen: Laura San Segundo

The Drowned Giant nos brindó la posibilidad de que algo volviera a suceder a través del reenactment y de su afecto en los cuerpos y el entorno socio-político de los presentes. Así, intentar hacer un reenactment parcial y tendencioso de un evento que nunca aconteció puede leerse como una reacción a lo escenificado, teatral y espectacular de una visión nostálgica de lo histórico. Quizá por una reacción al imperante gusto retro-futurista, Ballard indicó que la ciencia ficción en la que él estaba interesado era aquella que sucedía en los próximos cinco minutos, situándonos por lo tanto en un espacio interior en detrimento de un espacio en cualquier otra galaxia lejana, a miles de años de aquí.

Según Maria Montero(13) el reenactment sólo puede tener lugar cuando el relato sea re-interpretado, gracias al elenco de los nuevos artistas del happening y la audiencia que acepte formar parte de la restitución del momento histórico, -atraídos ya sea por una idea de progreso o de nostalgia, sentimientos afines a los que se vivieron entonces, en el momento del original, sobre el futuro como un tiempo mejor. Es el cuerpo libre, pero a la vez motivado por una restitución de un sentimiento, quien re-inventa, re-hace, re-establece su propia coreografía y su propio estar presente no sólo en un tiempo-espacio, sino también en un plano corporal-afectivo, cercano quizá al espacio interior del que hablaba Ballard.

Fantasia Hiperealizada

Cris Argüelles

Realmente perfecto; se aprecia hasta la curvatura de la tierra. Realmente plano; se deslizan sobre las superficies de acabados pétreos muy bien pulidas. Una verdadera ilusión; estamos ya allí mirándolo desde dentro hacia afuera. Desde arriba, como miran los pájaros o a la altura de los ojos, como miran los habitantes modelo de la ciudad residencial que todavía no existe. El render es una alucinación, es – cuando es malo – una promesa de futuro de una pureza inalcanzable. Porque es el ruido el que lo hace mejor, es lo sucio lo que lo hace realista, es lo imperfecto lo que no levanta sospechas, es el grano virtual de la lente, es la caída y la putrefacción. Simultáneamente, es el trance de una pureza inalterada y un racionalismo geométrico lo que nutre los procesos digestivos empachados de una brutalidad hyperealista. Y es aquella materialidad concreta de paredes, cerramientos y apliques sanitarios el trauma duro de una imagen sin arquitectura. Nada de lo que ve usted en la imagen está incluido en esta promoción; los objetos mostrados son orientativos de la calidades y los materiales empleados no representan los acabados finales. El mobiliario no está incluido en el precio de venta. Es posible, si usted lo desea, contratar a un decorador o interiorista. Es posible, si usted lo desea, invertir en un set de bloques 3D de alta definición. No hay nada. No queda nada de nada. Hay una habitación suspendida en el aire; una escena, escenario, una escultura. Hay un telón de fondo, quizás la ciudad en un atardecer de otoño, y hay cositas pequeñas. Hay, por ejemplo, sábanas arrugadas, hay café en la cafetera. Hay una madera encerada con el glossiness muy fuerte y una alfombra suave con el roughness muy bajo. Hay hasta un olor, creo. Hay una paleta de colores. Hay alguien, quizás tú.

Aunque se dijo de él que era una etapa final del proceso de diseño, una forma de contar algo que en los planos no aparecía, una herramienta de comunicación de ideas ambiciosas para el cliente exigente, el render no fue nunca un ejercicio de cierre en la aproximación torpe a una realidad común carente de turbulencias. Nunca fue tan emocionante como ahora; hay tanta fantasía y tanta fidelidad, hay mucho de Hollywood, de catálogo de muebles caros, de pinacoteca romana, de tecnología esponsorizada, de revista de Playboy y, por supuesto, de conocimiento somero de la historia del arte americano del siglo XX, de salón de belleza y spa relajante, de sofisticación culinaria y de dieta detox, de pan sin gluten y sobretodo, de silencio – porque el descanso no tiene precio. Se mueve también dinero en el plano inclinado de la producción; se va hacia arriba con tendencias en iluminación y hacia abajo con geometrías más austeras. Es pobre lo que es pobre en detalle, es pobre lo que está pobremente aproximado a la irregularidad de las fibras despeinadas de una alfombra. Es peor cuando la luz es un foco y no 1,000 soles, es peor aún cuando hay un patrón de textura grande y no una suerte de distribución de variedades diferenciales traslapadas – nada peor que una baldosa pegada que ni siquiera localmente se separa de una aproximación aberrante a su prima hermana idéntica. Se podría decir que esto traviesa al material tan fuertemente que las consecuencias pueden verse, sin necesidad de aumentos, en la sección de tarimas y suelos laminados de cualquier almacén de construcción – el pixel está muy por encima del grano. Es muy posible que nunca fuese la pretensión de esta superficie granulosa postular una nueva definición en la apariencia de la forma sino de la resolución de la imagen de esa misma por medio de la geometría proyectiva. El consuelo en su nitidez se acerca cada vez más a la sanación con la inteligencia de un ojo artificial que pone la cámara en un millón de imágenes aprendidas sobre la apariencia del agua, produciendo una nitidez incomputable salvo por la interpelación de verdaderas realidades acuáticas (y podemos decir lo mismo de la hierba, las piedras y las almohadas). Se entiende así la gran confusión de la representación n-dimensional en un atlas de mapas bi-dimensionales, aunque ya sabíamos que ni siquiera la superficie de esa galleta cruda (patata, esponja, animal o vellosidad – según con quién nos alineemos) podría existir ingenuamente en el espacio euclidiano y quizás como consecuencia andan todos violentados queriendo disparar a los edificios con una pistola de rayos hechizantes que les hará bailar o alzar el vuelo.

El render no plantea ningún un problema de información, ni de definición, ni de escala, ni de dimensión, ni siquiera de contexto. La arquitectura del render no está. El render consiguió enterrar, en su nicho en expansión cósmico constante, los escombros de una exhausta imagen sin imaginario y sin ganas que seguían ahí desde el eternísimo movimiento moderno. En la última repisa se sostiene precariamente la historia de una fagotización de la imagen virtual a la masa más pesada. Este acto intermedio es el devenir de una arquitectura inmobiliaria, la que arrastró consigo hace un tiempo a todos los objetos menores, a las impurezas y a las visiones alucinógenas de una federación de halterofilia arquitectónica. El cambio de paradigma del dibujo plano a la imagen del render para la venta inmobiliaria no es más que un síntoma de esta pertinente decadencia. La venta bruta se atascó en la falta de color; la abstracción profesional de una línea negra o la, un poco más sutil, coloración cosmética de plantas a escala 1:250 dejó fría toda ilusión. Se quedaron congeladas, atascadas también en una coyuntura económica adversa, todas aquellas cosas que en algún antes fueron suficientemente evocadoras. En una actualidad demasiado compleja rotando sobre la construcción de la identidad individual disuelta, la certeza de una imagen no se cuestiona – convirtiendo la discusión sobre su autenticidad una preocupación de segundo orden – y, sobretodo, no es la imagen ya una consecuencia, sino un pre-requisito. El fervor con el que se ha disertado sobre el objeto arquitectónico no es comparable al ligero interés que despertaba el medio mismo desde el que se pegaba a los ojos y otros cuerpos diversos – aunque no exclusivamente humanos ni materiales –; la producción de imágenes en como revisión de la producción de imágenes de no es nunca más una discusión sobre el objeto de la forma – ni tampoco del objeto disecado. No es la cara de una arquitectura fosilizada, sino la parte primera de un proceso de gestación anfibio, lo que el render hizo por las cualidades espacio y su geometría. Por eso el render cumple una función muy rara; es el proceso inverso, es el espacio al revés – es tan de la otra manera, que no tiene ni bordes – ni tampoco siquiera puertas.

La formación histórica del Paseo de la Castellana de Madrid.

José María Ezquiaga

El Paseo de la Castellana como eje vertebrador de la ciudad de Madrid.

Señala Allan Jacobs (1) que algunas calles podrían ser llamadas “estructurantes” en la medida en que, a partir de su diseño original o su evolución histórica, son capaces de aportar comprensión u “orden” a un territorio, a una ciudad, o a una parte de ésta. La calle “estructurante” gozaría de una dimensión singular como pieza vertebradora del esqueleto morfológico de la ciudad y como institución cívica, capaz de imprimir un nuevo significado urbano a sus funciones básicas como canal de comunicación y como soporte del tejido edificado inmediato. Constituye, por ello, un elemento clave en la interpretación o lectura de una ciudad por cuanto más allá de sus funciones objetivas ayuda a los individuos a construir un “mapa” mental o una imagen legible de su ambiente.

El Paseo de la Castellana tiene el carácter de verdadero Eje Estructurante de la ciudad de Madrid. Es decir, más allá de las funciones básicas como canal de comunicación y soporte del tejido edificado inmediato, constituye una pieza vertebradora del esqueleto morfológico de la ciudad y un elemento clave de su mapa mental, por cuanto aporta orden o comprensión al conjunto de la ciudad. La construcción histórica del Eje de la Castellana muestra que esta cualidad singular es el resultado de un proceso largo y fragmentario en el que se han ido decantando iniciativas y proyectos en torno a un argumento coherente capaz de organizar las dimensiones planimétrica, topográfica, edilicia y funcional de la Vía.

Fig. 01.

Plano del nuevo Paseo del Prado de Madrid y sus inmediaciones 1775

A principios del siglo XX el desarrollo Urbano de Madrid presentaba un carácter dual. Por un lado, se basaba en un débil crecimiento ortodoxo sobre la ciudad planeada sobre la retícula del Ensanche. Este fue ideado a mediados de siglo XIX por Carlos María de Castro, conforme al influyente precedente de Cerda en Barcelona, con la pretensión de constituir una ciudad completa. Pero la desbordante dinámica inmobiliaria de la ciudad informal, levantada fuera del perímetro de la retícula planeada del Ensanche, puso en evidencia las carencias existentes tanto en instrumentos de planeamiento, como en la gestión del suelo y vivienda. En el orden morfológico, esta dualidad suscitó la necesidad de un nuevo modelo de estructuración territorial que fuera capaz de integrar Ensanche y periferia (denominada Extrarradio) como piezas de un nuevo espacio metropolitano. Las opciones en debate (no tanto teórico cuanto entre intereses económicos) eran muy claras: bien subsumir los crecimientos periféricos en una nueva estructura anular, bien abandonar la idea del crecimiento indefinido en mancha de aceite, optando alternativamente por un crecimiento direccional o por la descentralización de los nuevos asentamientos en núcleos satélites.

Fig. 02.

Plano de Madrid 1837

Los orígenes: La sistematización de los Prados

La etapa formativa del Casco urbano madrileño vino determinada por las peculiaridades morfológicas del sitio fundacional. Las escarpadas laderas sobre la vega del Manzanares indujeron una direccionalidad del crecimiento desde el primitivo Castillo o Alcázar hacia el Este, hasta alcanzar un nuevo límite natural en la vaguada de los Prados de San Jerónimo y Atocha. Hasta 1625, año en que la Real Cédula de Felipe IV culmina la demarcación física de un recinto urbano estable, el crecimiento urbano puede entenderse como la secuencia de desbordamientos de los límites artificiales (las sucesivas murallas y cercas) que se adicionan a los condicionantes topográficos.

La construcción en 1632 del nuevo Palacio del Buen Retiro en el entorno del convento de los Jerónimos en límite Este de la ciudad, tuvo la virtualidad no sólo de reforzar la polaridad urbana Oeste-Este, materializada en la escala de las fábricas del primitivo Alcázar y del nuevo Palacio, sino también de formalizar un nuevo imaginario cívico. Como ha señalado David Ringrose (2) la capital barroca no puede ser interpretada reductivamente como una mera acumulación aleatoria de monumentos, ni siquiera como un conjunto integrado de rutas procesionales y espacios públicos, sino como “un esquema mítico, simbólico y casi mágico”, superpuesto al espacio real de la ciudad construida. Desde este punto de vista las reformas urbanas y las operaciones de embellecimiento pueden concebirse no sólo como testimonios de una “máscara” ornamental que mantiene intacta la estructura de la ciudad medieval sino como la configuración de un nuevo mapa mental de la ciudad.

El análisis de las rutas ceremoniales y los itinerarios urbanos de los cortejos reales, comitivas y cabalgatas realizado por Carlos Sambricio (3) pone de manifiesto la evolución de la imagen misma de la ciudad. Nos interesa particularmente el modo en que estas rutas ceremoniales moldean el contexto urbano constituyéndose en elementos polarizadores del crecimiento físico de la ciudad. Así los sistemas de calles que tienen la capacidad de enlazar los polos simbólicos del Este y el Oeste San Jerónimo, Alcalá, Puerta del Sol, Mayor-Platerías-Almudena y Atocha se configuran como los ejes estructurantes de la ciudad.

El análisis del crecimiento urbano en la segunda mitad del siglo XVIII pone de manifiesto hasta qué punto este hecho condicionó la evolución urbana de Madrid. La ciudad no va a optar por aprovechar las oportunidades existentes para orientar su crecimiento hacia el Norte, según los ejes de Montera, Fuencarral u Hortaleza -que parten de la misma Puerta del Sol- o de la calle Ancha de San Bernardo. Tampoco vertebrará su crecimiento hacia el Sur, buscando el río Manzanares, donde un nuevo punto de atracción: la terminación del Puente de Toledo (1719) y el trazado del Paseo de los Ocho Hilos parecían inducir la consolidación de la calle Toledo como eje potencial para focalizar un nuevo crecimiento. Por el contrario, la expansión del caserío se orientará hacia los Prados, en el triángulo formado por las calles Alcalá y Atocha, si bien no en forma de mancha de aceite sino orientado direccionalmente por los ejes menores que estructuran tentacularmente la zona.

Desde este punto de vista, los trabajos de sistematización de los Prados (de Fernando VI a Carlos IV) no pueden considerarse como una mera propuesta de ornato vial sino como la consolidación de una operación urbana compleja llamada a transformar el polo simbólico del Palacio en ágora cívico y a partir del mismo propiciar una transformación radical de la direccionalidad del crecimiento urbano.

Ha existido un cierto consenso en la historiografía en destacar el carácter “periférico” (4) de las reformas urbanas “ilustradas”, resumiendo en este concepto las escasas realizaciones de transformación de la morfología del Casco existente y, por el contrario, la tendencia a operar una recomposición de los bordes urbanos para dotar a la ciudad de límites precisos, paseos, parques, salones y puertas. Desde lecturas más actuales esta interpretación reductiva debe ser corregida. Hemos tenido ocasión de analizar en otra ocasión cómo para la nueva mentalidad ilustrada la transformación interior no se circunscribe a la reforma de espacios urbanos, sino que abarca un concepto más amplio en el que las infraestructuras, la higiene y la arquitectura de los elementos singulares convergen en un nuevo concepto global del ornato urbano (5), desde el que hay que entender el nuevo mapa simbólico de la ciudad al que hemos hecho referencia anteriormente.

Las actuaciones sobre el Prado, sistematizadas por Hermosilla y Ventura Rodríguez, sintetizan, de alguna manera, el nuevo enfoque. Concebida originariamente como una intervención de saneamiento y regularización de los bordes de la ciudad (canalización del arroyo, explanación y plantaciones), el proyecto evoluciona hacia la geometrización “blanda” de un nuevo espacio civil, configurado a modo de hipódromo, ornamentado con el conjunto de fuentes de temática mitológica ideado por Ventura Rodríguez: Cibeles y Neptuno en los extremos y Apolo en el eje de la composición. El conjunto se prolonga en forma de huso hacia el Norte por Prado de Recoletos, donde se ubicaba el Pósito y el Convento de los Agustinos y hacia el Sur por el Prado de Atocha hasta el Hospital General y el comienzo del Paseo de las Delicias.

Fig. 03.

Zuazo-Jansen. Anteproyecto de trazado viario y urbanización de Madrid, 1929.

El Plano de Espinosa de los Monteros (1769) tiene el doble interés de incorporar la ordenación proyectada como parte integrante del levantamiento planimétrico, así como de recoger en recuadro separado la situación topográfica real, previa al inicio de las obras de urbanización (1768). Unos años después (1793) el testimonio de Antonio Ponz da cuenta de la percepción de las mejoras realizadas por parte de los contemporáneos:

“Desde el convento de Atocha hasta la puerta del mismo nombre, y desde allí, formando ángulo hasta la de Recoletos, se extienden los Paseos de Atocha y del Prado, que en lo antiguo eran unos caminos incómodos, pero ahora, con la grande obra que en ellos se ha hecho, dándoles la anchura conveniente, terraplenando zanjas y arroyos, allanando y consolidando el suelo, construyendo todo a lo largo, a excepción de las travesías de las calles, un poyo de piedra labrada con respaldo de hierro y plantando en varias hileras grandísimo número de árboles, es el mayor adorno de Madrid y el paseo más cómodo a pie y en coche que pueda imaginarse (...)”.(6)

Fig. 04. Construcción de la calle de Serrano y Paseo de Recoletos s.XIX

Sin embargo, la configuración del nuevo “salón” no habría tenido el carácter de pieza urbana estructurante para el conjunto de la ciudad si en su desarrollo no hubiera evolucionado la orientación inicial hacia una concepción más compleja como “proyecto cultural” (7), al constituirse como foro privilegiado de implantación de los nuevos equipamientos: Jardín Botánico, Gabinete de Ciencias Naturales (hoy Museo del Prado), Gabinete de Máquinas y Observatorio Astronómico; llamados a dar cuenta, desde la propia arquitectura de Juan de Villanueva, de la nueva visión del mundo del emergente pensamiento científico.

El Plano de Tomás López (1785) superpone, una vez más, la ciudad proyectada sobre la ciudad real y añade a los nuevos trazados viarios, la planta del Gabinete de Ciencias Naturales y del Jardín Botánico. La comparación con el Plano de Tardieu (1788), que refleja solamente las obras realizadas, permite reconstruir la transformación incremental del área y el compromiso con las preexistencias que deforma la pureza geométrica de la propuesta originaria para configurar un espacio más ambiguo. El Plano de Juan López de 1812 recoge la disposición que, con pocas variaciones ha llegado a nuestros días. El tramo entre la calle Alcalá y la Puerta de Atocha conserva una cierta unidad, configurándose un amplio bulevar central arbolado y dos calzadas laterales, sobre una plataforma sensiblemente horizontal, con una suave pendiente hacia el Norte, inferior al dos por ciento. La sección -de unos 130 metros frente al Gabinete de Ciencias Naturales- se estrecha conforme avanza hacia el Jardín Botánico. Sin embargo, el tramo correspondiente al Prado de Recoletos sufre un quiebro apreciable en directriz y sección, segregándose perceptiva y compositivamente del Salón. (8)

Una nueva directriz del crecimiento urbano hacia el Norte

La convergencia sobre un espacio público singular de la vieja simbología regia, de la nueva residencia palaciega de la aristocracia y de los nuevos equipamientos civiles, transforma las relaciones tradicionales de centralidad. Ahora bien, la ciudad tardará aún en consolidar la nueva directriz de crecimiento conforme al eje Sur-Norte, esbozado en el Paseo del Prado. La reconstrucción del Palacio Real sobre las ruinas del Alcázar fortalecerá la importancia de la cornisa Este sobre el Manzanares, más aún al destruirse durante las guerras napoleónicas el Palacio de El Buen Retiro. Por otro lado, la sistematización, asimismo debida a Carlos III, del territorio vacío entre el río Manzanares y el continuo urbano, a través de una geometría de paseos que tienen su origen en los tridentes de las puertas de Atocha y Toledo, parece plantear una voluntad de colonización del entorno periurbano Suroeste ya esbozada en la construcción del Puente de Toledo y ahora reforzada por los proyectos de creación de una canalización navegable hasta Aranjuez paralela al río.

¿Por qué no tiene éxito como ensanche residencial un espacio con tan favorables condiciones ambientales?¿No podría acaso la ciudad haber desarrollado la directriz marcada por El Prado hacia el Sur, partiendo de Atocha, según los ejes monumentales diseñados? Un hecho viene a truncar esta posibilidad, evidenciando la concatenación profunda de los hechos urbanos. La construcción en 1848 del “Embarcadero de Atocha” primera estación del ferrocarril Madrid-Aranjuez supone la especialización de Atocha como límite, y puerta, de la ciudad. La creación de una vía de contorno entre las estaciones de Príncipe Pío, en el Oeste y Atocha, creará una barrera insalvable entre el río y la ciudad, especializando el área Sur del continuo urbano como espacio ferroviario -en el que se instalan tres estaciones adicionales: Imperial, Peñuelas y Delicias- e industrial. No será por ello casual que, adelantándonos en el tiempo, los mismos personajes -Indalecio Prieto y Secundino Zuazo- que den al crecimiento Norte su impulso definitivo en los años treinta entiendan que la cuestión va íntimamente ligada a la redefinición de los accesos ferroviarios, propiciando la creación de una nueva estación en el Norte subterráneamente comunicada con Atocha.

Fig 05.

Zuazo-Jansen. Propuesta para la Prolongación de la Castellana del Anteproyecto de trazado viario y urbanización de Madrid, 1929

Ahora bien, esto es adelantar acontecimientos. En la segunda mitad del XIX y una vez decantado el debate entre las opciones de la reforma interior o extensión de la ciudad a favor de la segunda, las opciones para organizar el crecimiento aparecen muy condicionadas. Cerrada la posibilidad de un crecimiento residencial hacia el Sur y considerando las barreras que suponen la difícil topografía del Oeste y las posesiones reales del Buen Retiro en el Este, parecía obligada la previsión de la expansión urbana hacia el Norte. Estas circunstancias fueron adecuadamente valoradas por Carlos Mª de Castro al formular su Proyecto de Ensanche de Madrid en 1859. Una lectura apresurada del “plano” parece sugerir una opción por un crecimiento continuo semi anular a partir del Casco Existente. Sin embargo, tanto la propia intencionalidad del Proyecto como su ejecución material desmienten la ilusión de continuidad y homogeneidad, separando la experiencia madrileña de su coetánea barcelonesa.

Castro intuye, con acierto, que la construcción de las estaciones y posteriormente de la cintura ferroviaria, especializará la zona Sur del Casco -hoy Arganzuela- como “área logística” o de intercambio de mercancías, orientándose, por tanto, al almacenamiento y a la actividad fabril y más tarde a la vivienda obrera. En el Norte, sin embargo, la urbanización del barranco de la Fuente de Castellana, concluida hacia 1834, sugiere la configuración de un nuevo Salón urbano, capaz de constituirse, como El Prado, en una pieza emblemática de la ciudad. Para ello era preciso ampliar la sección del tramo del Prado de Recoletos. La reforma aparece incorporada al Proyecto de Castro y se ejecuta pocos años después. La configuración del nuevo Paseo es análoga a la del Salón del Prado -bulevar central y calzadas laterales- aunque la sección se reduce a unos 90 metros.

En la propuesta de zonificación social realizada por Castro la residencia aristocrática se localiza en el entorno del nuevo Paseo de la Castellana, las clases medias en el NE y NO -hoy barrios de Argüelles y Salamanca- y la residencia obrera en el área peor comunicada, situada al Este del Real Sitio del Buen Retiro. Significativamente la concepción del Paseo conforme al patrón de los Salones clásicos priva al Proyecto de anticipar la potencialidad estructurante del nuevo eje urbano Norte-Sur constituido por la sumatoria de los Paseos de Delicias, Prado, Recoletos y Castellana. Por el contrario, el Paseo de la Castellana constituye para Castro el elemento organizador de una pequeña “ciudad-jardín”, adaptada a las dificultades topográficas y a la escasa consolidación de los terrenos situados en los márgenes del antiguo arroyo.

“Damos por supuesto que el barranco de Fuente la Castellana quedará cubierto con la continuación del alcantarillado hasta más allá de los nuevos límites que a la población se señalan, pero a pesar de esto, la edificación tendrá que suspenderse en la ladera que desde la orilla izquierda de dicho barranco se extiende hasta la meseta que corre después sin interrumpirse hasta pasada la Carretera de Aragón. Esta ladera (...) podrá disponerse de modo agradable, cortándola en bancos escalonados, en parterres o jardines bajos, o mejor en nuestro concepto trazando calles irregulares, pero de suave pendiente, adornadas con grupos de árboles y flores a la manera de los jardines a la inglesa (...). Este barrio pudiera llamarse aristocrático, porque resultando los terrenos a gran precio, no estarán al alcance de las pequeñas fortunas los edificios aislados que en ellos se construyeron (...)”. (9)

El Plano de Ibáñez Ibero (1877) permite apreciar la ejecución de la Castellana conforme a estos principios. A partir de la antigua Puerta de Recoletos -Plaza de Colón- donde se reubica la Fábrica de la Moneda, cambia el carácter tradicional del Paseo, configurándose sus bordes como una sucesión palacetes urbanos sobre parcela independiente, en versiones más modestas del modelo establecido un siglo antes en el Palacio de Buenavista. Paradójicamente esta tipología -tan poco frecuente en la ciudad de Madrid- favorecerá, como más tarde veremos, la transformación morfológica del área, al posibilitar sustitución especulativa de las construcciones originarias por edificios exentos de mayor volumen destinados a oficinas.

El trazado del Paseo responde a una concepción paisajística. La directriz Norte-Sur que orienta los principales ejes del Ensanche se convierte en una sucesión de quiebros según el curso del primitivo arroyo. A partir del encuentro con la calle del Cisne -hoy Eduardo Dato- se produce un significativo giro al Noroeste para evitar la Colina de los Chopos a cuya falda se situará en 1878 el Hipódromo. Este impedirá que el Paseo de la Castellana llegue a encontrarse con la ronda del Ensanche -hoy Joaquín Costa-, condenando al más importante eje urbano a concluir incomprensiblemente en fondo de saco en la Plaza de Isabel la Católica frente al actual Museo de Ciencias Naturales. Por este motivo el acceso Norte de la ciudad continua realizándose por la antigua Carretera de Francia -hoy calle de Bravo Murillo- que discurre sobre una loma elevada unos veinte metros sobre la cota del Hipódromo.

La sección transversal de la vía adopta, paradójicamente, en esta etapa una distribución característica de las vías urbanas de gran capacidad. Se duplican los andenes peatonales para configurar una calzada central con un número reducido de intersecciones resueltas en glorieta y dos vías de servicio laterales por las que circularán los tranvías. La sección se reduce a unos 80 metros en los tramos rectos, alcanzando en las glorietas los 120 metros de diámetro. El perfil longitudinal se hace casi horizontal con pendientes medias ligeramente superiores al 1 %.

La emergencia de la dimensión metropolitana

Fig. 06.

Secundino Zuazo. Proyecto de Nuevos Ministerios, 1933. Perspectiva desde la Prolongación de la Castellana

La construcción del Ensanche supuso el impulso definitivo de la ciudad hacia el Norte, mediante el hallazgo de una directriz estable del crecimiento urbano y la consolidación del desplazamiento de las funciones de centralidad iniciado en el Proyecto de El Prado. Ahora bien, dos hechos perturban que pueda identificarse la geometría del plano como modelo de la ciudad real. En primer lugar, el proceso de urbanización de la nueva ciudad es discontinuo y heterogéneo, pero tiende a vertebrarse sobre la directriz Norte marcada por la Castellana a lo largo de la calle Serrano y de las calles paralelas inmediatas (Claudio Coello, Lagasca y Velázquez). La imagen que la “nueva ciudad” ofrece a los contemporáneos no es, por tanto, el de un damero continuo y uniforme, sino la de una urbanización tentacular. No es por ello anecdótico recordar la referencia que Arturo Soria hiciera de la configuración de la calle Serrano como una de las fuentes inspiradoras de la Ciudad Lineal. Paulatinamente la urbanización del Ensanche se amplía, encontrando en el Este un nuevo eje vertebrador en la calle Alcalá y en el Oeste un apoyo en el eje de Bravo Murillo y el arrabal industrial de Chamberí cuyas trazas viarias son incorporadas al tejido residencial del Ensanche.

Fig. 07.

Junta de Reconstrucción de Madrid. Proyecto de Prolongación de la Castellana, 1941 (Plan General de Madrid 1946)

En segundo lugar, a finales de siglo, cuando la retícula del Ensanche se encuentra aún en los inicios de su consolidación, se produce un crecimiento espontáneo fuera del recinto delimitado por sus rondas exteriores (el “Extrarradio”). Los nuevos asentamientos se apoyan sobre los principales ejes de comunicación de la ciudad, tensionando la estructura radio concéntrica planeada hacia una configuración tentacular. En 1876 Fernández de los Ríos puede ya mencionar la gran mayoría de los núcleos germinales de las futuras parcelaciones periféricas, que el Plano de Facundo Cañada de 1900 constata ya como una realidad física irreversible. Muy pronto el ritmo de crecimiento de estos núcleos será superior al de construcción del Ensanche. El origen del fenómeno no es otro que el encarecimiento especulativo del suelo del Ensanche, sometido a un lento y costoso proceso de urbanización, en relación a los menores precios del suelo y mínimos costes de urbanización de las parcelaciones realizadas fuera del ámbito de vigencia de las Ordenanzas Municipales, en un momento en el que se constata el carácter masivo de los fenómenos de inmigración a la ciudad. (10)

En este contexto hay que entender la propuesta de modelos alternativos de organización del crecimiento como la Ciudad Lineal de Arturo Soria. El proyecto de Grases y Riera de una Gran Vía Norte-Sur (1901) tiene el interés, destacado por Fernando Terán (11), de trasladar la idea de Ciudad Lineal a la organización axial de la ciudad existente; planteando la prolongación del eje Delicias-Castellana desde Villaverde en el Sur hasta Fuencarral en el Norte, para configurar una espina dorsal metropolitana de una longitud total de dieciséis kilómetros.

El fatal dualismo entre la debilidad del crecimiento ortodoxo sobre la ciudad planeada y la desbordante dinámica inmobiliaria de la ciudad espontánea puso en evidencia las carencias existentes tanto en instrumentos de planeamiento, como de gestión del suelo. En el orden morfológico, suscitó la necesidad de un nuevo modelo de estructuración territorial que fuera capaz de integrar Ensanche y Extrarradio como piezas de un nuevo espacio metropolitano. Las opciones que se ofrecían eran claras: bien subsumir los crecimientos periféricos en una nueva estructura anular, como propugnaba el ingeniero municipal Núñez Granés (1916); bien abandonar la idea de un nuevo “ensanche” indefinido en mancha de aceite, optando alternativamente por un crecimiento direccional o por la descentralización de los nuevos asentamientos.

La propuesta de Zuazo-Jansen para el Concurso de ordenación urbana de Madrid de 1929 tiene, a nuestro juicio, la virtud de sintetizar estas últimas opciones al proponer un crecimiento direccional limitado, en dirección Norte, apoyado sobre la creación de una nueva pieza urbana -la prolongación de la Castellana- sobre la que organiza la nueva centralidad metropolitana. Este nuevo “ensanche” integra, junto con la ciudad consolidada, un recinto cuya expansión se contiene mediante la previsión de un cinturón verde, organizándose los nuevos crecimientos en forma de núcleos “satélites” exteriores a dicho cinturón, vinculados a la metrópoli por medio de nuevos trazados ferroviarios.

El debate sobre la Prolongación de la Castellana

La idea de recuperar el eje de la Castellana como vector del crecimiento, clave del Plan de Zuazo-Jansen, no constituía como tal una novedad. Al interrumpirse el desarrollo del Paseo hacia el Norte, debido a la interposición del Hipódromo, el crecimiento suburbano había encontrado sus canales de extensión en torno a los ejes de las carreteras de Francia (Bravo Murillo) y Chamartín, constituyéndose en el primer tercio del siglo importantes barriadas en Cuatro Caminos y Tetuán, así como una constelación de urbanizaciones de ciudad-jardín en Chamartín de Rosa. Esta contradicción resultó muy pronto evidente a los contemporáneos, por ello y con independencia de las alternativas de organización metropolitana discutidas, la necesidad de prolongar hacia el Norte la principal arteria de Madrid aparece como una propuesta recurrente. En 1916 Núñez Granés elabora un Proyecto de Prolongación del Paseo de la Castellana que es reelaborado por López de Sallaverry en 1924 (12). A diferencia de los proyectos de El Prado o Castellana, en los que el eje viario se entendía como el soporte vertebrador de una pieza urbana también integrada por el espacio estancial y el tejido edificado, los proyectos de Núñez Granés y Sallaverry disocian el trazado viario de la morfología urbana, inaugurando la moderna, y reductiva, concepción del viario como canal autónomo del tráfico.

Fig. 08.

Comisaría General de Ordenación Urbana de Madrid. Proyecto de Ordenación Urbana del Sector de la Prolongación de la Avenida del Generalísimo, 1947.

Sin embargo, el eje es todavía concebido como una voluntad representativa que lleva a enfatizar los elementos monumentales, en particular la creación de una gran plaza en el origen del Paseo sobre las trazas del Hipódromo, y a la adopción de un trazado rectilíneo hacia el Norte en vez de seguir la directriz oblicua de alguno de los dos barrancos en que se bifurca la vaguada de la Castellana. Para ello la nueva vía ha de encaramar directamente la pequeña colina de los Altos de Maudes, debiéndose realizar un importante movimiento de tierras para conseguir una pendiente relativamente uniforme, en el entorno del 2 %, desde el punto de arranque en el Hipódromo (cota 682), hasta el punto de encuentro con la Carretera de Francia (cota 730).

Aunque la Información de la Ciudad de 1929 recogía este trazado como referencia obligada de los concursantes, el Plan de Zuazo-Jansen introduce modificaciones sustanciales en la concepción de la reforma, recuperando el entendimiento de la Prolongación como “operación urbana”, es decir, como argumento fuerza sobre el que articular el diseño de la infraestructura viaria, las funciones de centralidad, y las nuevas tipologías residenciales. En la siguiente exposición de los autores aparecen ya esbozados todos los elementos de lo que hoy entendemos como la formulación de la estrategia de creación de una nueva centralidad urbana:

“El carácter representativo de Madrid se significa principalmente en la comunicación grandiosa de Norte a Sur, del Paseo de la Castellana hasta el Paseo del Prado, avenida espléndida que llega, en su belleza natural, hasta igualar a los Campos Eliseos de París (...). Pero la importancia característica de esta avenida estriba, por su significación en relación al plano total de Madrid, en su calidad de arteria fundamental para la edificación y el tráfico, siendo el nexo viario que une el Norte con el Sur de España (...). En el futuro, será aquí donde se agrupen los edificios más importantes para la Cultura, Gran Sala de Exposiciones, Gran Kursaal de Música; para la economía, edificios comerciales del Estado y privados, grandes hoteles y edificios de representaciones extranjeras. Aquí también se situará en el futuro de la ciudad la Estación Central (...). Los núcleos más necesarios para la vida de funcionamiento de la gran urbe, están en comunicación directa con esta avenida: la ciudad vieja, como centro absoluto y centro comercial; la nueva con los sectores de negocio e industria y las zonas verdes con sus stadiums deportivos”. (13)

También en el orden compositivo la propuesta de Zuazo-Jansen tiene un alcance de interés. La rotundidad de la opción de crecimiento hacia el Norte tiene su reflejo en la claridad de la geometría de la vía, concebida como un gran eje recto y simétrico entre el viejo Paseo de la Castellana y el cruce con la calle Bravo Murillo, espina dorsal del suburbio de Tetuán. Su directriz parte del borde Este del Hipódromo -y no del Centro como en la propuesta de Núñez Granés- sustituyendo la plaza monumental por un conjunto de edificios emblemáticos, hoteles y estación. Esta intuición afortunada permitirá más tarde modificar el Proyecto para situar sobre los terrenos liberados del Hipódromo un complejo de dependencias gubernativas (los Nuevos Ministerios) que hará irreversible la opción de desarrollo de la centralidad hacia el Norte.

La vía se divide longitudinalmente en dos tramos, separados por un pasillo verde transversal. A partir del encuentro con las Rondas del Ensanche se abre un inmenso salón en el que la calzada principal se acompaña de dos andenes verdes de 190 metros de sección. En el segundo tramo cambia la composición, situándose las zonas verdes en la parte posterior de los bloques que se asoman a la vía. En el punto de inflexión entre ambos tramos se localizan los grandes equipamientos culturales. En el extremo norte de la vía -hoy Plaza Castilla- se localiza la nueva estación de ferrocarril que, junto con otro edificio singular simétrico, completan la composición, marcando un quiebro en la dirección del eje, a partir del cual discurre en un nuevo tramo recto hasta Fuencarral la carretera de Francia.

La geometría del trazado es coherente con el carácter severo y simétrico del diseño de los volúmenes, basado en una secuencia de bloques lineales, de idéntica dimensión, perpendiculares al eje de la vía en busca de la más adecuada disposición solar. En una revisión posterior del Proyecto realizada por encargo del Ayuntamiento, Zuazo modifica algunos de los rasgos más radicales de su propuesta inicial, sin renunciar a la rotunda claridad del conjunto. Así, sustituye las grandes zonas verdes longitudinales del primer tramo de la vía por manzanas cerradas resueltas conforme al modelo ensayado en la Casa de las Flores, al objeto de incrementar la edificabilidad del Sector y con ella la viabilidad económica de la operación para una eventual participación de la inversión privada.

La suerte del Proyecto se verá favorecida por el impulso que la reforma urbana recibe del nuevo gobierno republicano. Santos Juliá (14) ha destacado la voluntad del nuevo régimen de construir una ciudad capaz de cumplir adecuadamente la función de capital federal y la confianza en el poder de intervención del Estado como los elementos movilizadores de las iniciativas de regeneración de Madrid.

En 1931 la Oficina Técnica Municipal elabora una nueva propuesta de Prolongación de la Castellana, incorporada al Plan de Extensión de la ciudad. Su interés radica en que supone una reinterpretación de los proyectos de Zuazo sin cuestionar la morfología fundamental de la nueva Avenida. Se mantiene la idea de los andenes verdes y la sucesión monótona de los bloques paralelos orientados Este-Oeste, si bien pierden estos el carácter monumental que tenían en la primera propuesta de Zuazo, estudiándose en cambio con detalle las distintas tipologías residenciales adoptadas. Como novedad, se redefine el punto de inflexión de la sección de la vía, esbozándose por primera vez la idea de las vías transversales que enlazan con el suburbio de Tetuán, prolongando las calles de Marqués de Viana y Francos Rodríguez, que constituirán elementos clave de los proyectos de postguerra.

Fig. 09

Propuesta de Antonio Perpiñá para el Concurso de Ideas para la Ordenación del Centro Comercial de la Avenida del Generalísimo, 1954. Primer Premio

Sin embargo, a pesar de su coherencia morfológica las propuestas de Zuazo y la Técnica Municipal difieren en un rasgo importante. Mientras que el primero apuesta por una operación de centralidad, los técnicos municipales entienden la Prolongación como un nuevo ensanche residencial. Paradójicamente, el elemento detonante del inicio de la reforma unos meses después no vendrá contemplado en ninguno de los proyectos, si bien será coherente con la concepción estratégica del área formulada por Zuazo.

La construcción de una nueva centralidad al Norte del ensanche

La llegada de Indalecio Prieto al Ministerio de Obras Públicas y la creación de dos nuevos organismos encargados de estudiar y promover las intervenciones urbanísticas: la Comisión de Enlaces Ferroviarios y el Gabinete Técnico de Accesos y Extrarradio permitió que las acciones infraestructurales no fueran concebidas autónomamente sino como palancas de una idea más amplia de ordenación metropolitana -o “comarcal”- en la que la prolongación de la Castellana constituía un eslabón clave. Como hemos adelantado, en el Plan de Zuazo-Jansen la propuesta de nueva estructura urbana se apoyaba en la reordenación del sistema de accesos ferroviarios. La creación de una nueva estación en el Norte y su comunicación subterránea, por el eje de la Castellana, con la antigua estación de Atocha, pretende reforzar la organización axial de la ciudad al introducir una simetría entre las “puertas” Norte y Sur de la ciudad. El antiguo “paseo” se transformaría, conforme a esta idea, en el principal eje estructurante y canal de servicios de la moderna metrópoli.

La idea de construir un nuevo centro administrativo que agrupara las sedes de varios ministerios, entre ellos el de Obras Públicas, constituía una oportunidad única de impulsar el proyecto que Zuazo y Prieto supieron entender y aprovechar (15). Por este motivo, el arquitecto sugiere que el nuevo complejo fuera instalado en los terrenos públicos del Hipódromo, planteando su realización conjuntamente con el primer tramo del nuevo Eje. Perseguía con ello que la obra de arquitectura pudiera constituirse en el elemento de una reforma urbana de mayor calado que incidiese sobre tres niveles estructurales clave: a) Impulsar el inicio de las obras de urbanización de prolongación de la Castellana conforme a la directriz Norte marcada en el Plan Zuazo-Jansen; b) Respaldar la opción del enlace ferroviario Norte-Sur, configurando en Hipódromo una importante estación intermedia y; c) Iniciar el proceso de descentralización y descongestión del Casco Antiguo, al localizar en la nueva avenida funciones características del Centro tradicional como las dependencias administrativas del Estado.

La inauguración dos años después (1933), del primer tramo del Eje, entre el final del Paseo de la Castellana y las Rondas del Ensanche, coincidió con la colocación de la primera piedra del complejo ministerial, visualizando el vínculo entre arquitectura e infraestructura. Existe una relación, más allá de la mera referencia formal, entre la compleja concepción de la operación y el antecedente de la sistematización de los Prados. En ambos casos una idea urbanística “fuerte” unifica los proyectos arquitectónicos e infraestructurales potenciando su capacidad como elementos de transformación de la ciudad. El “foro” cultural del Prado y el nuevo centro administrativo del Norte encuentran su argumento común en una gran calle que, a diferencia del Eje Histórico parisino, no se concibe como un elemento de apropiación del territorio desde la ciudad, sino como condensación simbólica del proceso histórico de construcción de la ciudad.

Los proyectos de Prolongación de la Castellana realizados tras el paréntesis de la Guerra Civil no suponen aportaciones culturales relevantes a la idea urbana y a la estrategia ejecutiva formuladas con anterioridad. Sin embargo, el análisis comparado de las propuestas de Zuazo (1929 y 1931), Oficina Técnica Municipal (1931), Junta de Reconstrucción (1941) y Comisaría General de Ordenación Urbana de Madrid (1947), constituye por sí mismo una lección de urbanismo, por cuanto agotan las posibles soluciones de organización tipo-morfológica de los laterales de la nueva Avenida. Al mismo tiempo, dicho examen pone de manifiesto la importancia de articular los proyectos urbanos sobre una idea estructurante capaz de integrar las modificaciones y deformaciones que inevitablemente se producen en unos tiempos de ejecución dilatados. La incidencia urbana se potencia al máximo cuando la idea estructurante tiene al tiempo la capacidad de constituirse en germen de una nueva forma de ciudad, como en el caso de la Castellana.

Fig. 10.

Ordenación de la encrucijada del Hotel del Negro (Plaza Castilla), 1951

En una primera lectura, el Plan General de 1941 parece diluir la prioridad estratégica del vector Norte, en un discurso sobre la reorganización orgánica del conjunto de la ciudad o en el énfasis atribuido a las propuestas de recuperación emblemática de la Cornisa histórica sobre el Manzanares. La prolongación de la Castellana aparece considerada a modo de “ensanche” entre otras propuestas de extensión y terminación de la ciudad. Pero una vez más los documentos de planeamiento pueden resultar ilusorios respecto al peso relativo que juegan las distintas estrategias urbanas reales. La Castellana destaca muy pronto como “gran proyecto” urbano y aunque la literatura urbanística continúa hablando de “ensanche”, a nivel operativo se enfatizan aún más los rasgos de operación de centralidad que tenía el proyecto en la etapa republicana: se incorpora el proyecto de Nuevos Ministerios y se amplía con nuevos enclaves administrativos; se contempla la creación de una gran zona comercial y de oficinas y se añaden nuevos equipamientos de capitalidad culturales y deportivos.

La propuesta elaborada con el Plan General en 1941 diseña lo que será el trazado definitivo de la Avenida. A lo largo de unos 2.250 metros se establece una sección viaria de 100 metros, descompuesta en una calzada central y dos laterales de servicio separadas físicamente por sendos andenes arbolados, conforme al modelo del último tramo de la Castellana. Para enfatizar el efecto perspectivo, se establece un perfil de pendiente casi uniforme en todo el recorrido en torno al 2 %. Como novedad, existe una mayor preocupación por la integración con la trama preexistente, por este motivo se amplía el ámbito de ordenación hasta la calle Bravo Murillo, se establecen cuatro transversales y una diagonal, a modo de “costillas”, para potenciar el carácter “ordenador” de la nueva Avenida y se sugiere un sistema de ordenación en “supermanzanas” de 250 metros de longitud que en el viejo tejido subsumen los lotes existentes en un nuevo borde edificado y en el área de nueva creación permite configurar las calles conforme al sistema de alineaciones tradicional y desarrollar pequeños conjuntos de edificación abierta en el interior de los grandes recintos definidos por la edificación perimetral. (16)

Fig. 11

Proyecto de rectificación parcial del Sector NE de la Avenida del Generalísimo, 1954.

El compromiso entre edificación abierta y cerrada establecido en este proyecto de transición será abandonado en la versión definitiva de la ordenación del sector aprobada en 1947. La opción decidida por la manzana cerrada tradicional venía justificada por criterios de gestión antes que por consideraciones culturales: facilitar la actuación privada en base a técnicas reparcelatorias conocidas y sencillas, en continuidad con la experiencia adquirida en la ejecución del Ensanche.

La iconografía tradicionalista del nuevo proyecto, en especial la maqueta en la que Rafael Moneo creía percibir el “aire metafísico” de las figuraciones de De Chirico, ha distraído del significado urbano más profundo de la propuesta. Para el mismo Pedro Bidagor, inspirador del Proyecto, no se trata tanto de un problema de composición urbana como de una elección, que hoy denominaríamos estratégica, para el futuro de la ciudad, ya que el nuevo sector:

“está llamado a ser el elemento urbano más importante de España en los próximos cincuenta años (ya que en él) ha de situarse el centro comercial de más categoría de la capital y, por tanto, en cierto modo, el centro comercial más selecto de la nación” (17)

El discurso funcional se impone así sobre la retórica neo-herreriana de las primeras imágenes del nuevo complejo terciario. No deja de llamar la atención el desapego que en diversas ocasiones expresa Bidagor respecto a los detalles formales de la ordenación propuesta. Los ya clásicos análisis que Rafael Moneo y Antón Capitel (18) nos excusan de entrar en el detalle de la configuración arquitectónica del área para centrarnos en los rasgos “estructurales” más relevantes de la propuesta urbana.

No nos encontramos ante un “ensanche” tradicional sino ante una ordenación urbana de escala intermedia organizada sobre una jerarquía viaria muy clara. La Prolongación de la Castellana (Avenida del Generalísimo) y las dos transversales Este-Oeste (General Perón/Concha Espina y Sor Angela de la Cruz/Alberto Alcocer) constituyen el esqueleto básico, que se completa con la creación de un gran salón sobre la vaguada entre Bravo Murillo y la nueva Avenida. Los bordes de contacto con Tetuán y Chamartín se regularizan sin pretender transformar el tejido preexistente, absorbiendo la edificación las irregularidades del encuentro. Las unidades contenidas en la trama viaria fundamental se resuelven con ordenaciones en manzana cerrada o semicerrada en las que predomina una organización lineal Norte-Sur, con la excepción del área entre General Perón y General Yagüe, donde permanece un recuerdo de la ordenación de las supermanzanas de 1941.

La distinción entre los dos niveles estructurales de la propuesta hizo posible que posteriormente diversos Planes Parciales transformasen las “manzanas” en laberínticas ordenaciones “modernas” de edificación abierta, sin llegar a quebrar la idea urbana fundamental. Aunque la ejecución fragmentaria ha significado un deterioro de las condiciones arquitectónicas y ambientales previstas originalmente (19) no ha impedido que el sector llegara a configurarse como el más vital centro direccional de Madrid, alcanzando con el final del siglo XX su definitiva “madurez”: superando los límites de saturación, congestión viaria y precios del suelo.

En el Proyecto de 1947 el Sector venía zonificado en diversos “polígonos” en función del uso y tipología dominante. Así el área comercial incluía la supermanzana entre Raimundo Fernández Villaverde y General Perón y se extendía longitudinalmente a lo largo de la Avenida de la Vaguada (hoy Avenida del Brasil). (1-12) Fig. 12. Plaza de Castilla 1961 En el borde con el suburbio de Tetuán se situaba el área residencial de clase media. La opción por la edificación abierta se planteaba vinculada a la promoción pública del suelo con destino a cooperativas y patronatos corporativos. El resto del Sector se destinaba al uso residencial con ordenanza normal de “ensanche” y promoción privada.

Es precisamente en estos últimos “polígonos” donde se producen las transformaciones más radicales. La propuesta de Muñoz Monasterio para el entorno del estadio Santiago Bernabeu (1951) inicia la revisión de los criterios tipológicos, abriendo el camino a las soluciones de edificación abierta. Pero el punto de inflexión se produce, sin duda, a partir del Concurso de Ideas para la Ordenación del Centro Comercial (1954). La propuesta ganadora de Antonio Perpiñá supone una opción decidida por la idea de ciudad de los CIAM (claridad de funciones, separación de tráficos) y un estilo “internacional” reiteradamente ensayado fuera de España en la nueva tipología de los “centros direccionales”: la tendencia se refuerza en el Concurso de Ideas para la Organización y composición de volúmenes de los Ministerio de Industria y Comercio (1956) también ganado por Perpiñá con análogos criterios.

Sin embargo, ambos proyectos se circunscriben a usos y espacios singulares. La incorporación de los criterios de la edificación abierta a las áreas residenciales se materializa en esas mismas fechas, a través del Proyecto de rectificación parcial del Sector NE de la Avenida (1954). Frente a la ordenación abierta pero “equilibrada y serena” del primer proyecto del Centro Comercial, la revisión del Sector NE introduce una revisión dogmática de las manzanas con olvido de los criterios topográficos y espaciales de la ordenación de conjunto. A la laberíntica disposición de los trazados viarios se vino a sumar el crecimiento de alturas y edificabilidades, produciendo el efecto funcionalmente congestivo y perceptivamente desconcertante que caracteriza a la zona.

Pero, sin duda, la transformación más importante se produce con la nueva prolongación Norte de la Avenida. A partir de la Plaza de Castilla el carácter urbano del Eje se perdía transformándose en una carretera interurbana que discurría en el borde de un suburbio muy deteriorado. El Proyecto de 1951 pretendía ofrecer una nueva fachada urbana al acceso Norte de la ciudad, a modo de telón interpuesto entre las infraviviendas de la Ventilla y las instalaciones ferroviarias de Chamartín. A pesar de que la vía remodelada se plantea con la misma sección que el primer tramo de la Prolongación de la Castellana y a pesar de los esfuerzos en concentrar sobre la misma equipamientos singulares (Diario Arriba, Ciudad Deportiva, Ciudad Sanitaria La Paz), el sector no logra desprenderse del carácter periférico que marca su origen, no llegando a cristalizar un nuevo salón urbano. La decisión de diluir el extremo Norte de la Avenida en un enlace de autopista frente al Hospital La Paz, unida a la solución de las intersecciones viarias intermedias a desnivel, frustra la idea de continuidad urbana inicialmente perseguida. Al tiempo refuerza el carácter de límite Norte de la ciudad que tradicionalmente había tenido la Plaza de Castilla, en réplica simétrica a la imagen del enclave de Atocha en el Sur.

La contradictoria configuración de la Avenida tiene, en efecto, una clara expresión en la incertidumbre e indefinición que caracterizan a su extremo Norte. Los diversos proyectos que se sucedieron históricamente oscilaron entre entender la nueva Plaza como “puerta de la ciudad”, es decir, como límite de los confines de lo urbano o más bien entenderla como punto de articulación o inflexión de una ciudad que se prolonga.

Zuazo concibió la Plaza de Castilla como una encrucijada viaria focalizada hacia el Norte, en la que los edificios de remate, uno de ellos destinado a albergar la nueva estación Norte, cumplen un papel de telón y, en cierta medida, de puerta de la nueva ciudad trazada frente a la ambigüedad del extrarradio que se levanta a sus espaldas. El proyecto de la Técnica Municipal de 1931, por el contrario, formaliza la Plaza como ágora o vestíbulo urbano, materializando las esquinas de un rectángulo más virtual que real, que se rompe en el eje Norte-Sur y en el cruce transversal con la calle de Bravo Murillo. El Proyecto de 1947 definió la configuración estrellada de la Plaza, que se ha conservado hasta su más reciente reforma, al introducir los nuevos ejes de la Avenida de Asturias (que conectaría con la Carretera de la Coruña en el Oeste), San Aquilino y Agustín de Foxá (que enlazaría con la estación de Chamartín, finalmente retrasada respecto al perímetro de la Plaza).

Fig. 13.

Tramo Norte del Paseo de la Castellana en la actualidad.

El diseño de la nueva Prolongación Norte de la Avenida tensionará la direccionalidad de la Plaza, planteándose la premonitoria idea de situar dos torres gemelas en los triángulos simétricos delimitados al Norte de la Plaza. Idea llevada a sus extremos en 1967 al localizarse en estos solares el volumen resultante de concentrar las permutas de edificabilidad de otros terrenos afectados por la apertura de la Avenida, materializado en dos rascacielos de 44 plantas, cuya realización llevaría consigo la transformación de la rotonda de la Plaza en una mera prolongación del trazado de la Castellana.

Análogos criterios han inspirado la más reciente reforma de la Plaza de Castilla en los años noventa del pasado siglo. La continuidad de la Avenida se resuelve subterráneamente, disociando la funcionalidad viaria del significo urbano que el Eje tiene a lo largo de todo su trazado. Los volúmenes, sin embargo, intentan recuperar la idea de “puerta”, mediante la “acrobática” disposición de las torres gemelas. Si se pretendía plasmar la expresión arquitectónica de la incertidumbre y desasosiego que inspira esta pieza incompleta de la ciudad no podía haberse elegido un mejor motivo de la orfandad de estas torres inclinadas en torno a un eje inexistente.

Arquitectos curadores y escenarios productivos.

Moneo Brock./_2B Space to Be, EX-PER-IM-ENT-0 y Plantea Estudio

Presentamos en este número de Arquitectura tres lugares en Madrid, dirigidos por arquitectos, en los que se superponen funciones de trabajo, exposición, reunión e intercambio. Existen algunos más, no muchos. Se trata de una tendencia creciente y de alto interés programático y social en la que merece la pena detenerse.

Son lugares donde pasan varias cosas a la vez, en ocasiones con protocolos no reglados y abiertos a las contingencias, y eso es lo primero que interesa en una actividad, la del arquitecto, entre cuyas fantasías recurrentes se encuentra la de alojar el acontecimiento inesperado de forma efervescente en los lugares por él proyectados. Algo que a pequeña escala, pero con gran intensidad, encontramos en la superposición cotidiana de actividades que ocurren en estos sitios.

En algunos casos albergan estudios de arquitectura, que ensanchan su espacio de trabajo para alojar zonas de exposición, gestionadas por el propio estudio. En otros son enclaves de trabajo colectivo, que mutan en sitios donde pueden tener lugar eventos o acciones que por su naturaleza no encajen en otros formatos normativos (co-working, galería de arte, sala de exposición, local comercial,...). En uno de los casos han sido auto-descritos como “escenarios”. Pensamos que es una buena descripción.

Son enclaves algo secretos o de resistencia, ya que no corresponden con los tipos programáticos convencionales, y por tanto ejercen una función inquisitiva hacia el visitante y hacia la ciudad.

Estos pequeños híbridos, de bolsillo, precisamente por la indefinición relativa de lo que ocurre en su interior son espacios de oportunidad, y al tiempo que re-describen sus nuevas oportunidades en tiempo real hacen lo mismo con los arquitectos a su cargo. Su hábitat de trabajo les redefine como arquitectos gestores, curadores, comisarios, empresarios, arrendadores u orquestadores de singularidades, en una implosión de funciones quizás modelo experimental de muchos arquitectos del futuro inmediato.

¿Cuál es el origen de la configuración programática actual de vuestro espacio de trabajo/exposición?

Moneo Brock./_2B space to be: En 2013, a raíz de la crisis económica, trasladamos el estudio de un semisótano en El Viso, al local actual, una pequeña nave de 158 m2 a pie de calle en el barrio de Prosperidad. En ese momento de poco trabajo, el nuevo espacio era más amplio de lo que eran nuestras necesidades. Inmediatamente vimos la oportunidad de destinar una parte del mismo a la creación de un espacio flexible y poco definido, aprovechando la conexión con la calle, al que llamamos “_2B /space to be” haciendo alusión a un mítico y transgresor lugar de Nueva York situado en la calle segunda y la avenida B, donde habíamos pasado horas memorables.

EX-PER-IM-ENT-O.: Ubicamos el estudio en la parte trasera, mirando a un pequeño jardín y dotando al espacio de trabajo de mayor intimidad. De esta forma creamos dos espacios separados por una puerta de vidrio, uno más fijo destinado a la producción de estudio y otro flexible y cambiante que iría transformándose en el tiempo a través de los ojos de otros.

Cuando nos lanzamos a llevar a cabo este proyecto fue porque vimos que no había nada parecido en Madrid. EX-PER-IM-ENT-O. es una comunidad creativa que nace en 2017 con una ambición muy concreta. La idea es proporcionar un escenario para el encuentro de diseño, arquitectura, fooddesign, tecnología, cine, moda, publicidad, branding, música, arte y medios de comunicación. Buscamos generar un entorno intelectual y social que a través del intercambio de conocimiento, sea capaz de generar nuevos proyectos, movimientos y acciones que enriquezcan la escena del diseño en Madrid.

En definitiva EX-PER-IM-ENT-O. nace para acoger y dar visibilidad a aquellas disciplinas dentro del ámbito de la creación que no se sienten representadas actualmente en Madrid, y que buscan a través de la unión, hacer ruido y ser tomadas en cuenta.

PLantea Estudio: Cuando vimos por primera vez el espacio, intuimos que podíamos convertirlo en algo más que un estudio de arquitectura. En nuestros proyectos llegamos al diseño de mobiliario y lámparas, y colaboramos con marcas que introducimos también en nuestras obras. El estudio debía ser un lugar de exposición de nuestro trabajo en sí mismo. Apareció pronto la idea de convertirse también en un espacio para exponer el trabajo de otros. Artistas o arquitectos que realizan una actividad paralela y complementaria con la arquitectura, que enriquecen el lugar y nuestro trabajo también.

¿Existe una vocación comercial en la incorporación de programas expositivos, de uno u otro tipo, en vuestros espacios de trabajo? ¿Si es así, con qué criterios comerciales?

Moneo Brock./_2B space to be: No estamos cerrados a vender, pero no es a lo que nos dedicamos. No ser galeristas nos permite correr más riesgos. La naturaleza distendida del espacio permite a los artistas libertad a la hora de proponer el tipo de trabajo, pudiendo usarlo tanto para experimentar, para testar obras inéditas, como para volver a exponer obra antigua o para mezclar distintas disciplinas. Todo tipo de formatos y eventos son bienvenidos. De esta manera podemos acoger una mayor diversidad de propuestas.

Siempre hemos tenido muchos amigos artistas, sentimos interés por el mundo del arte y esta actividad paralela nos permite tomarle el pulso a la situación actual. Es un espacio de transformación y de oportunidad y, durante las inauguraciones, es lugar de intercambio y encuentro social.

EX-PER-IM-ENT-O.: Lo principal para nosotros es mostrar el trabajo de la gente más joven, que al final siempre tiene que irse a exponer fuera, a ferias como las de Milán, Londres o Estocolmo. Por eso nos planteamos intentar potenciar el diseño nacional desde nuestro propio estudio. La única galería madrileña dedicada a la vertiente más contemporánea de esta disciplina es Machado-Muñoz, aunque se centra sobre todo en mobiliario y suele trabajar con diseñadores ya consolidados. Desde EX-PER-IM-ENT-O. queremos ser una plataforma para que los jóvenes diseñadores se den a conocer, pero también para conocerse entre sí. Efectivamente somos una galería donde se venden las piezas, pero creemos que nuestro fuerte es ser el trampolín para estas nuevas generaciones. De momento funcionamos así, eso no quiere decir que en otro momento podamos mutar y adaptarnos a lo desconocido.

PLantea Estudio: No pensamos en lo comercial. Hemos aceptado con entereza que con la arquitectura que hacemos no vamos a ganar dinero, tampoco con el tipo de exposiciones que nos interesan. Intentamos que el que exponga venda todo lo que pueda (si quiere) y que nosotros podamos seguir exponiendo. Lo importante no es la rentabilidad, sino mostrar cosas que no están a la vista.

¿Cómo se produce la selección de artistas, arquitectos, u otros productores cuyo trabajo se expone?

Moneo Brock./_2B space to be: Las primeras exposiciones fueron el fruto de un diálogo con amigos, de conversaciones o encuentros inesperados donde el azar también tiene su sitio. Ahora también estamos abiertos a propuestas externas, que evaluamos e incorporamos a nuestro programa si el trabajo nos interesa. No buscamos algo en particular, quizás solo lo inesperado. Nos interesa mucho acompañar a los artistas en el proceso de la transformación del espacio; instalaciones que muchas veces han sido producidas expresamente para aquí (site-specific). Aportamos nuestro conocimiento del espacio y nuestro conocimiento técnico y constructivo, experiencia en montaje de exposiciones y diseño de mobiliario. Hemos llevado a cabo desde performance a instalaciones más tradicionales, en un amplio abanico de intereses.

EX-PER-IM-ENT-O.: Las exposiciones que han tenido lugar y las que están por venir suelen seguir un modus operandi similar. Buscamos o directamente nos surge una temática -depende mucho de todos los factores a los que estamos expuestos, las ferias de diseño, ideas/conceptos que están en standby...- y trabajamos en ella a partir de cualquier rama del diseño mostrando no solo los productos acabados, sino también prototipos y piezas únicas que cuentan la evolución del propio diseño. Una vez tenemos más o menos claro -siempre estamos dispuestos a ir adaptando nuestra idea inicial- empezamos a rescatar artistas, arquitectos, diseñadores de cualquier disciplina que tenemos almacenados en nuestra retina. Somos personas muy inquietas e intentamos estar al día de lo que sucede a nuestro alrededor.. Hemos trabajado también como asesores de tendencias y esto nos ha hecho retener mucha información.

PLantea Estudio: De manera espontánea. Hay exposiciones que nosotros mismos proponemos a arquitectos que nos interesan, como la de Ricardo Aroca o Matilde Peralta, y otras llegan por amigos que tienen buena obra y les gusta mucho el espacio, como Begoña López. Por la publicidad que han tenido las exposiciones, han llegado artistas que no conocíamos. Damos oportunidad de exponer a quien habitualmente no tiene acceso a las galerías de arte, pero cuyo trabajo tiene calidad y vigencia. A veces, también arquitectos jóvenes que inician su actividad en el mundo del diseño o la propuesta innovadora, como Alejandro Jiménez o Natalia Mora.

¿De qué forma ha modificado o influido en vuestro trabajo cotidiano de arquitectos o diseñadores la actividad complementaria de curador o gestor de un espacio-galería?

Moneo Brock./_2B space to be: El trabajo de los artistas siempre ha sido una referencia en nuestros proyectos, nos interesan ciertas cuestiones y búsquedas de esta disciplina. Hay un paralelismo con nuestra forma de trabajo como arquitectos, aunque no haya una traducción directa. En cuanto a la gestión, el director del espacio, Diego Iglesias, es realmente quien se encarga ahora de su optimización.

El espacio también nos ha permitido colaborar más estrechamente con artistas en algunos de nuestros proyectos. Francisco Leiro y Carmen Pinart hicieron obras para nuestra Parroquia de la Misericordia en Monterrey y con Natalia Pintado hemos diseñado una colección de alfombras, por ejemplo.

EX-PER-IM-ENT-O.: Como os comentábamos anteriormente, esto es literalmente un experimento, y seguimos en modo prueba-error. Hasta hace poco nos encargamos de gestionar el coworking, los alquileres del espacio, los proyectos que tenemos en el estudio de Arquitectura y las exposiciones… esto ha dado lugar a que de repente las fronteras de las diferentes partes de EX-PER-IM-ENT-O. se hayan diluido y se estén contaminando entre ellas. Un claro ejemplo ha sido la última exposición que comisariamos nosotros: En Bruto. Se planteaba como un encuentro entre diseño industrial, fotografía, materiales de construcción e ilustración, donde el nexo en común es el afán por visibilizar el proceso y la materialidad. Los trabajos se centraban en experimentar con los acabados, la mezcla de materiales, los detalles… dando importancia a lo inacabado y las acciones que no podemos controlar.

Resultado de esta mezcla, la muestra es una evidencia de 4 proyectos que han tomando como punto de referencia, la última reforma que acabamos de terminar desde Plutarco -Nuestro estudio de arquitectura-. Los proyectos desvelan las capas que normalmente quedan ocultas tras el resultado final que el cliente ve, las texturas del yeso, las anotaciones de los operarios sobre las placas de pladur, los restos de escombros desde la demolición hasta el acabado final… todos ellos pasaron a ser visibles y evidentes.

PLantea Estudio: Para nosotros es una actividad muy estimulante. Fundamentalmente nos lo pasamos bien montando las exposiciones, las tomamos como un proyecto más. Y también con la gente que viene. Es un lugar de relación con artistas y arquitectos, con cosas bonitas de las que hablar y aprender.

¿Contempláis la función expositiva como algo complementario o que completa la función de trabajo del espacio, o en algunos momentos esta ha pasado a un primer plano?

Moneo Brock./_2B space to be: _2B /space to be y el estudio son dos partes esenciales del espacio que habitamos todos los días. Cada vez que alguien entra al estudio –clientes, proveedores, colaboradores– tiene que atravesar primero _2B, lo que siempre desencadena una reacción diferente y modifica la atmósfera de trabajo. Lo mismo pasa a la inversa en las inauguraciones, en las que abrimos el estudio y las personas que vienen a ver la exposición también pueden entrar a nuestro espacio de trabajo y ver las maquetas y procesos.

EX-PER-IM-ENT-O.: EX-PER-IM-ENT-O. es una galería de diseño contemporáneo, es los ‘headquaters’ de Plutarco, es un espacio para ‘happenings’ y alberga ‘house of creatives’: una comunidad creativa. Entendemos que todas las partes tienen la misma importancia y que -de ahí nuestra gran apuesta al incluirlos bajo el mismo techo- son capaces de retroalimentarse y contaminarse entre ellos llegando incluso a romper los límites y fronteras que existen en un inicio. Nuestro fin es que Madrid sea un punto de referencia cuando se hable de diseño y nos encantaría que EX-PER-IM-ENT-O. fuese un laboratorio de pruebas y errores.

PLantea Estudio: Es una importancia alterna. Las exposiciones descansan la atención excesiva a las obras, y después las retomamos con energía (y más prisa). Desde luego, las noches de inauguración no hay otra cosa más importante. Al día siguiente, el trabajo reclama, pero lo hacemos más contentos.

¿Qué solapes, situaciones accidentales, retroalimentaciones y cruces se producen o se han producido durante la trayectoria del espacio? ¿Cómo pensáis que benefician al funcionamiento autónomo de cada parte?

Moneo Brock./_2B space to be: En 2015 tuvimos una instalación de Isidro Blasco en el espacio. Conocíamos a Isidro desde hacía años, y en esta instalación nos dio la oportunidad de intervenir su instalación, pudiendo dibujar con cintas adhesivas de colores, las sombras de su construcción sobre suelo y pared, sobrepasando nuestro papel de comisarios/anfitriones. En 2017, Isidro llevó a cabo “Interventions 4”, una muestra a la que invitaba a artistas a intervenir los distintos espacios de una casa en Sabiote, un pueblo de Jaén, y también nos invitó a desarrollar una pieza para el patio, sacándonos de nuevo de nuestro rol y pasando a formar parte del colectivo de creadores. A raíz de esta muestra conocimos a un grupo de artistas como Alfredo Morte, Marta Jarabo o Luis Amália cuyo trabajo nos interesó mucho y a los que hemos ido invitando a exponer en _2B. Ahora Isidro nos ha vuelto a invitar a formar parte de un nuevo proyecto de arte colectivo, del que os podremos dar parte en la próxima crónica.

EX-PER-IM-ENT-O.: Muchos de esos solapes ocurren dentro de ‘House of Creatives’ y eso es lo que nos interesa realmente, que exista una comunidad de creativos que sean capaces de retroalimentarse entre sí. Actualmente contamos con Carlos: arquitecto todoterreno, Miguel: uno de los mejores renderistas que conocemos y Blas: que se dedica al mundo de la animación 3D y es un máquina. Ya han empezado a trabajar entre ellos puntualmente y con nosotros. Todos compartimos proveedores, catálogos de los últimos productos que encontramos y utilizamos, cartas de color, experiencia que vamos adquiriendo, anécdotas y errores que cometemos para que podamos evitarlas en un futuro… la verdad es que cada día pasa algo nuevo. Trabajamos como una gran familia y cuidamos del espacio a partes iguales.

También es verdad que inauguramos en Septiembre, así que muchos de estos accidentes y cruces están por venir… pero de momento parece que todo marcha. Estamos abiertos a todo lo que pueda pasar...

PLantea Estudio: Como decíamos antes, Pavilion es un lugar de relación en torno al arte y la arquitectura. Vienen muchos arquitectos a ver la obra que exponemos, y nos gusta enseñarles el estudio. Nos cuentan sus cosas y aprendemos. También con otros artistas o diseñadores. De esa interacción surgen colaboraciones, en proyectos o en otras actividades. Nos proponen cosas, o lo hacemos nosotros. Ponemos lo que hacemos y lo que hacen otros en contacto.

NBS: (NO MÁS) SOLUCIONES (TAN) BASADAS EN LA NATURALEZA. Metabolismos, ecosistemas y otra naturaleza envasada

Nieves Mestre

Las más importantes contribuciones de las ciencias ambientales a la arquitectura se adelantaron notablemente al embargo energético del 73 y aún más a la comprobación de los efectos de la ya establecida crisis ecológica. La primera casa solar y los primeros prototipos bioclimáticos se diseñaron en EEUU a finales de los 30, y su mayor desarrollo en Europa tuvo lugar después de la 2ªGM. La crisis energética inauguró después un largo periodo de investigación técnica y normativa orientada a la autosuficiencia o al consumo “casi” nulo –nZEB-.

El reciente protocolo COP 21 ha determinado la capacidad efectiva de la arquitectura para contribuir positivamente al restablecimiento ecológico del entorno y no solo limitarse a ralentizar su deterioro. Las actuales convocatorias europeas de investigación urbana enmarcadas en el plan H2020 dedican buena parte de los fondos (la tercera parte de los 29,6 bn€ destinados a Retos Sociales) a la recuperación de ecosistemas urbanos o periurbanos y la generación de economías circulares. La convocatoria específica sobre ciudad recurre con insistencia al acrónimo NBS, que alude a Soluciones Basadas en la Naturaleza. Soluciones según el texto, “inspiradas o soportadas” por una naturaleza -aparentemente externa al fenómeno urbano- que deja de ser una posibilidad para convertirse en una prescripción de diseño. Esta normalización de los estándares de diseño ecológico motiva una breve reflexión en el pensamiento ecosistémico anterior y el actual marco político y normativo.

El ambicioso programa aeroespacial anunciado por Kennedy en 1961 animó a la Ecological Society a lanzar un ciclo de conferencias para establecer alianzas entre ecólogos, biólogos, investigadores espaciales e ingenieros militares. Hospedado por Princeton University entre 1963 y 65, Human Ecology in Space Flight pretendía esclarecer las posibilidades tecnológicas de la llamada Cabin Ecology, y su capacidad de reproducir la naturaleza de la biosfera por medios mecánicos. La vida en el espacio llegó a representar una alternativa racional y respetuosa con el medio ambiente a la crisis irracional y destructiva de la Tierra.

Propuestas como las del ecólogo Howard T. Odum consiguieron cuantificar el ecosistema interior de un vehículo espacial, incluyendo los flujos de aire, agua y nutrientes (Anker, 2005). Pero el primero en descubrir la elevada rentabilidad de la ecología de cabina para la arquitectura y el urbanismo fue Buckminster Fuller. Coincidiendo con la culminación de la misión tripulada Mercury, comienza a especular con la aplicabilidad de los sistemas de gerencia aeroespacial para la gestión ecológica de la ciudad y el planeta (Anker 2005). Con distintos patrocinios, el discurso de la autosuficiencia publicado en Operating Manual for Spaceship Earth siguió alentando su obra durante las siguientes décadas y tuvo una influencia notable en toda una saga de diseñadores y arquitectos.

FIG. 1.

Air-Spa Hotel y NY Rooftop Oasis (ambos de 1971) Haus-Rucker-Co.

Con una fuerte contaminación disciplinar, esta etapa se consolida a finales de los 60 como corriente arquitectónica. Etimologías híbridas como biotectura (1) o arcología (2) anuncian una cooperación compulsiva de la arquitectura con la biología, la cibernética, la ecología, o la ingeniería. Nuevos modelos de ciudades iceberg, ciudades comestibles o ciudades flotantes donde la única acometida disponible procede del sustrato natural, ya sea el océano, el desierto o el casco polar. Propuestas como Hidrópolis (1966) o Iceland (1964) de Rudolph Doernach se diseñaron intuitivamente sobre la posibilidad de un excedente geotérmico, reto para el que la disciplina aún no tenía referentes técnicos.

Sin embargo ni las estimulantes imágenes de la vanguardia austriaca ni el vigor científico de Buckminster Fuller consiguieron reproducir empíricamente un ecosistema cerrado completo. En idénticas fechas y de nuevo en EEUU, el grupo New Alchemist fundado por John y Nancy Todd se afanaba en el diseño experimental de granjas capaces de producir alimento y procesar residuos, ampliando así el estándar de autosuficiencia estrictamente energética. Sus Living Machines (1969) consiguieron producir ecosistemas completos en miniatura, no tan basados en la ecología de cabina como en la capacidad metabólica de los tanques acuícolas y las fosas sépticas del siglo XIX(Schneider 2011). La máquina viviente requería la concurrencia de “un mínimo de 3 sistemas ecológicos” (Todd y Todd 1994: 169), con el fin de garantizar su sostenibilidad en el tiempo. Su diseño implicaba a la vez principios naturales y sintéticos para el correcto desempeño de funciones ecológicas diversas: producción energética, filtrado o procesado de residuos, regulación climática, o todas simultáneamente. Concebidos como nuevas arcas de Noé, su construcción requería una decidida combinación de máquina y naturaleza.

FIG. 2.

Manhatan Dome, B. Fuller y Shoji Sadao (1960). Ecosysteme Bruxelles, P. Duvigneaud y S. Denayeyer-De Smet (1970)

La figura 2 muestra la evolución del imaginario urbano de esta prolífica década. Pese a su diferente tamaño, Manhattan y Bruselas se representan a través de dos secciones comparables de aproximadamente tres kilómetros de ancho. En Dome over Manhattan (1960) Fuller plantea una geometría antitética al perfil dentado de Manhattan, con la intención de remediar su ineficacia térmica. Según sus cálculos, la nueva estructura conseguía reducir las pérdidas térmicas de la edificación y el suministro energético total en un 20%, y se amortizaría en solo 10 años aun solo considerando los ahorros en maquinas quitanieves (Ibáñez 2012). En ese mismo año el biólogo Paul Duvigneaud fundó en Bruselas el Centro Nacional de Ecología (CNEG) y estableció una serie de estaciones experimentales en el sureste de Bélgica centradas en medir la ecología del bosque maduro. La investigación se ocupó después de registrar los flujos de biomasa y energía entrantes y salientes en la ciudad, y culminó con la publicación de Ecosystem Bruxelles en 1971, muy amparada en los diagramas de flujo desarrollados por Odum diez años antes. En apenas diez años la propuesta de Fuller da paso a una revolución conceptual, una redefinición de la agencia del diseño como herramienta para la representación científica y la gestión de los flujos globales (Ibáñez y Katsikis 2014).

FIG. 3.

Queen Elizabeth Olympic Park (East London), antes y después del plan de regeneración periurbana del Londres Olímpico 2012.

Si bien la comprobación empírica del metabolismo basal data del S XVII, el metabolismo urbano no fue comprobado hasta el análisis ecológico de Duvigneaud y Denayeyer, que junto a las teorías de Abel Wolman permitieron en 1974 la incorporación formal del término por la UNESCO. Sus resultados se consideran claves en el posterior concepto de metabolismo circular descrito primero por Ian McHarg (1969) y recuperado por McDonough y Braungart (2002), que promueve abiertamente la cooperación y por tanto supone un antídoto frente a la autosuficiencia energética. Las Soluciones Basadas en la Naturaleza –NBS- recientemente convocadas por el SC5 pueden considerarse herederas de esta investigación.

La aplicación de las NBS en el marco de H2020 implica una fuerte cooperación internacional y disciplinar, previendo en todo caso una rigurosa monitorización de las experiencias piloto en busca de la mayor exportabilidad de resultados. Más allá de sus indudables beneficios, el reto NBS plantea también algunos interrogantes. El primero deriva de la presunción de éxito implícita en dichas “soluciones”, y por tanto la negación de una discusión inicial que presente posibles conflictos o agendas alternativas: una “totemización” o prescriptivismo extremo en torno a la aplicación de ready-mades como los sistemas Bluegreen –BGS- o Sponge-City testados con éxito en determinados tejidos urbanos o climas y empleados en otros como garantía simbólica; el segundo viene de la excesiva amplitud de los impactos esperados sobre la salud, la cohesión social, el clima, las economías locales y un largo etcétera, con un efecto atenuante sobre proyectos que persiguen medidas más concretas; el tercero y último procede de la frecuente literalidad en la re-naturalización de lo urbano, que aunque cuenta con casos de éxito aplicados a periferias degradadas (figura 3), puede suponer una invasión de “las retóricas verdes” por encima de su trascendencia ecológica (Jaque 2008:21).

Es evidente que la introducción de vegetación intensiva en las ciudades puede mitigar la contaminación acústica, reducir los efectos de isla de calor y mejorar la calidad del aire, pero su incorporación indiscriminada también puede motivar algunos efectos ecológicos adversos, aun escasamente recogidos por el estado del arte. Algunas especies de plantas emiten compuestos orgánicos volátiles que pueden aumentar la concentración de partículas y por lo tanto, deteriorar la calidad del aire y sus efectos sobre población sensible. También se ha comprobado que la instalación de especies arbóreas inadecuadas cerca de focos de tráfico puede dificultar la dispersión y deposición de partículas contaminantes además de comprometer la demanda hídrica del entorno (Janhäll 2015; Livesley, McPherson y Calfapietra 2016). Por su parte, la instalación de zonas de césped conlleva grandes cantidades de fertilizantes inorgánicos y orgánicos, que a menudo se infiltran a través del suelo hacia los cauces de aguas subterráneas (ibid). Incluso se ha comprobado que la planificación de espacios verdes para la mitigación de islas de calor puede ser contradictoria con la planificación de parques en términos de justicia ambiental y accesibilidad: muchos árboles pequeños distribuidos no proporcionarán la misma magnitud de enfriamiento que menos arboles grandes situados en puntos estratégicos.

Las soluciones basadas en la naturaleza se han exportado durante siglos a la arquitectura y el diseño industrial, mucho antes de la demostración científica de su viabilidad. Leonardo da Vinci fue un pionero en aplicar modelos orgánicos a construcciones mecánicas para analizar y mejorar su rendimiento. Más allá de similitudes ópticas más o menos obvias, sus analogías orgánicas le permitieron perfeccionar no pocas invenciones, como máquinas de volar o navegar, incluso sistemas urbanos completos (4). Sin embargo, lo mecánico en Leonardo no era un sistema independiente de lo natural, sino más bien una prolongación artificial de lo orgánico.

Podría decirse que este “naturalismo sintético” es inherente a la posmodernidad temprana, cuya base es la réplica de componentes naturales procesados de forma artificial (Kallipoliti 2010:19). Una ecología de base bricolagista con digestores, jardines hidropónicos, paneles solares y otros componentes que otorgaban capacidades productoras inéditas para la arquitectura. Lo biomimético no se modela de acuerdo a componentes sino a procesos naturales, por lo que su resultado final puede perder una semejanza reconocible con lo natural. Mucho más reciente en su definición, el diseño biónico o el morfogenético se refieren a tecnologías adaptativas “cuyo funcionamiento simula el de los seres vivos” (Hagan 2001: 43), muy próximos a los presupuestos ecosistémicos de Todd en los tempranos 70.

FIG. 4.

Diagrama comparativo de una infraestructura energética convencional de generación centralizada, generación distribuida y red redundante cooperativa.

La comprensión del crecimiento auto-organizativo y la dinámica estructural de las plantas siguen aportando datos esclarecedores para una revisión ecosistémica del diseño arquitectónico y urbano. A diferencia de lo que se había pensado hasta ahora, la alta resistencia estructural de los sistemas naturales no se basa “en la eficiencia y la estandarización, sino en la redundancia y la diferenciación” (Weinstock 2007: 27; Spuybroek 2008). Derivados de la morfogénesis, conceptos como heterogeneidad, agregación o polimorfismo vinculan cuestiones de fabricación formal con otras de rendimiento energético.

La crisis medioambiental exige generar analogías integrales que pongan en relación las estructuras de lo orgánico, lo ecosistémico y lo tecnológico. En lugar de actuar como un ensamblador de patentes, tomando prestados los componentes de una cultura artificial, el diseñador debe tener en cuenta el funcionamiento global de los ecosistemas en los que interviene. El objetivo es revelar el metabolismo no como un proceso natural configurado automáticamente a medida que se desarrolla la urbanización, sino como un “esfuerzo laborioso y altamente asimétrico” entre los sistemas sociales y ambientales (Ibáñez & Katsikis 2014:8) Esta aproximación nos permitiría considerar que en el futuro ya solo serán posibles sistemas indisolubles de tecno-naturaleza.

Según se muestra en la figura 4, la revisión ecosistémica descrita se encuentra de frente con el modelo energético actual, basado en grandes plantas productoras exógenas y una red de distribución unidireccional. Desde la propuesta de Duvigneaud, muchas agendas han marcado la obsolescencia de dicho modelo y la necesidad de introducir transformaciones sustanciales. Una de ellas sería establecer precisamente las relaciones significativas entre ámbitos demandantes y disipadores de energía en el conjunto de entidades urbanas y con ello sus posibles compatibilidades (5). Esto conllevaría un nuevo tipo de infraestructura, “que operaría a menor escala que nuestras actuales redes energéticas” y permitiría aumentar la resiliencia urbana (Van den Dobbelsteen 2010: 268).

Cifras aparte, dicha transformación de la red energética obligaría a su vez una serie de cambios normativos: la acentuación del ciclo sobre la forma, y de la asociación híbrida sobre las tipologías puras. Su mayor dificultad reside en mejorar el desacuerdo histórico entre las ciencias del confort, el clima y la ciudad, muy en concreto la desconexión entre políticas urbanas y códigos técnicos de la edificación. Por un lado la normativa de confort habitual en Europa (6) sigue considerando el edificio como entidad autónoma y aislada –o sobre-aislada- para reducir la demanda en calefacción, lo que motiva en muchos casos que el edificio dedique la mayor parte de su energía a ventilación o enfriamiento. Por otro lado las ordenanzas occidentales han sancionado la superposición de usos y tipologías diversos en virtud de supuestos efectos negativos sobre la habitabilidad; aunque existen algunas ordenanzas en Norteamérica y norte de Europa que favorecen el agregado multifuncional, no existen aún figuras urbanísticas específicas para cuantificar el mixed-use ni evidencias de cómo capacitarlo para la cooperación en términos ecológicos (Evans et.al. 2005).

De vuelta al referente natural, una correcta interlocución de evolución técnica y tipológica permite los ecosistemas maduros crear redes de interdependencia “residuo cero”. Frente a la baja eficiencia de metabolismos primarios -como la fotosíntesis o la digestión-, es sorprendente la elevada optimización que sucede en el procesado de residuos procedentes de otras partes del sistema (Marsh y Khan 2011). El reto se encuentra pues en la agencia de diseño sobre una “ecología del exceso” (Gilabert 2010), donde el problema de la superabundancia de residuos y emisiones supera ya al de la escasez de recursos energéticos. Según algunas agendas el principal obstáculo para el pensamiento ambiental es precisamente una idealización romántica de la naturaleza en sí. En lugar de invocar lo natural para sanar lo que la humanidad ha dañado, esta ecología sin naturaleza (Morton 2007) amplia nuestra comprensión de la biosfera y propone una nueva forma de crítica ecológica, una suerte de “ecología oscura” alejada de lo verde(ibid: 187)

El proceso edificatorio, más allá de la LOE

Jaime Armengot

La figura del arquitecto ha evolucionado significativamente en los últimos 50 años: la consideración social del arquitecto, las condiciones en las que se desarrolla el ejercicio de la profesión, las relaciones con los demás agentes de la edificación, e incluso la posición de los colegios profesionales, han afectado al marco laboral de los profesionales de la arquitectura, obligados a reinventarse periódicamente para adaptarse al devenir de los tiempos, y a las demandas de promotores, clientes, usuarios,...: las demandas de la sociedad.

Esta degradación del profesional tiene mucho que ver con el descontrolado incremento del número de titulados, tanto en términos absolutos como relativos: multiplicar el número de colegiados por 17 en 40 años no es fácil de absorber por ninguna estructura social (al margen del incremento de la productividad derivado de la evolución de los medios de producción, que no hace sino incrementar el desequilibrio entre cantidad de trabajo y número de profesionales).

En la última encuesta publicada por la Fundación Arquia sobre el estado de la profesión (1) se ponen sobre la mesa suficientes argumentos para afirmar que la salud laboral del colectivo no pasa por su mejor momento. Valga decir, a modo de ejemplo, que la masa de ingresos del colectivo ha sufrido una disminución tal que el grupo de los mileuristas era en 2014 el más significativo, de largo. La comparación con Europa -con la Europa que nos gusta usar como referencia- pone de manifiesto que la remuneración del arquitecto en España es casi un 50% inferior a la de países como Suecia, Finlandia, Irlanda, o Dinamarca (2). En una clasificación general sobre ingresos medios en Europa, nos encontramos como “cabeza de ratón”, en un pelotón de cola entre cuyos integrantes solo Italia y Portugal pertenecen a nuestro entorno.

La evolución del número de certificados finales de obra permite cuantificar la crisis profesional vivida durante los años pos-burbuja, con una reducción del 70% en el volumen total de CFO visados en 7 años (2006-2013). Durante este periodo, se mantenía el ritmo de incorporación de nuevos arquitectos al mercado laboral, lo que supone un incremento del 35%. La consideración conjunta de ambos procesos supone que el número de CFO por titulado pasó a ser algo menos de la cuarta parte (22,8%): trabajo para uno de cada cuatro titulados, con especial vulnerabilidad para los recién incorporados.

El resultado de este cálculo, realizado exclusivamente sobre obra nueva, duplica el daño: el número de CFO por titulado se reduce hasta el 9,7%, lo que supone la práctica desaparición de la actividad principal del arquitecto, que constituye el núcleo duro de su formación, en torno a la que se articulan los planes de estudio de las escuelas históricas.

En estas circunstancias laborales, el colectivo se ha mantenido -como ha podido- gracias a la realización de otros trabajos (menores), entre los que están las obras no comprendidas dentro del ámbito de aplicación de la vigente Ley de Ordenación de la Edificación (3): son trabajos en los que el valor añadido del profesional de la arquitectura puede ser decisivo, ya que la autoría no está condicionada por una titulación específica, impuesta en los artículos 10 y 12 de la LOE.

A propósito de este tipo de actuaciones, en ocasiones concurren determinadas circunstancias que pueden comprometer la responsabilidad del profesional. La limitación del visado obligatorio4 elimina la aplicación reglamentaria de un procedimiento estandarizado, lo que unido a la diferente delimitación del ámbito de aplicación de la LOE y el CTE5, pueden acarrear el incumplimiento involuntario de la legalidad vigente por parte del técnico responsable. Este carácter de involuntariedad no exime al técnico de la responsabilidad derivada de su ejercicio: y a veces pasan cosas.

FIG. 1.

Evolución del número de Certificados Finales de Obra visados, y arquitectos titulados (Fuentes: Ministerio de Fomento, Consejo Superior de Arquitectos de España, www.arquiparados.com)

En este sentido, la ordenanza de tramitación de licencias en algunos municipios ha puesto en circulación el concepto de proyecto técnico, que no se corresponde con las tradicionales fases de desarrollo del proyecto arquitectónico -básico y de ejecución- adoptadas por el Código Técnico. De esta forma, en trabajos “extraLOE” el nivel de desarrollo del proyecto depende de la naturaleza de las obras.

Y puede suceder -y sucede-, que en obras de rehabilitación y reforma de edificación existente, el grado de intervención se matice a medida que avanzan las obras; porque las casas viejas están peor de lo que el propietario quiere creer, o de lo que el técnico le ha sabido transmitir; y una vez que la obra está en marcha, es complicado que un técnico se atreva a paralizar los trabajos arguyendo cuestiones “formales” (visados, licencias,...) derivadas de una diferente consideración legal del alcance de la reforma.

Y es entonces cuando el técnico queda en una posición tanto más vulnerable cuanto menor es su experiencia, asumiendo una responsabilidad no prevista -y no recompensada- que puede llegar en el peor de los casos al ámbito penal, ya sea por delitos sobre el patrimonio histórico, o contra los derechos de los trabajadores.

En estas circunstancias, conviene tener claro cuál es el procedimiento adecuado de tramitación y tener la capacidad de frenar un proceso mal encaminado, para evitar que actuaciones solventes se puedan ver cuestionadas por defectos de forma. Igual que la mujer del César, al arquitecto no le basta con ser honrado (y competente): además tiene que parecerlo.

Welcome mother nature, good bye Mr Ford!

Lorenzo Fernández-Ordóñez, Arantxa La Casta, Fernando Porras-Isla, (Estudio Guadiana + Porras-La Casta Arquitectos)PRIMER PREMIO

El mito del conflicto entre lo natural y lo artificial no es nada nuevo. La Epopeya de Gilgamesh (ca 1500 a.C.), el escrito más antiguo conocido por nuestra civilización, ya lo planteó en sus once tablillas de barro cocido. En este poema, el hombre nacido en la Naturaleza y criado por animales, aún salvaje, se enfrenta con el héroe de la ciudad. Pelean en la PLAZA del mercado, y al no poder derrotarse entre sí alcanzan un acuerdo y se reconcilian para siempre. De esta manera llega la conocida amistad entre Ekindú y Gilgamesh. La PLAZA de la ciudad, es pues, desde Sumeria, el lugar en el que se puede entrar siendo enemigo y salir hermanado.

La contemporaneidad nos trae nuevas lecturas, tanto sobre la Naturaleza como sobre la esencia del Espacio Público urbano. Son lecturas diversas, pero innegablemente modernas, aunque unas sean más modernas que otras. Respecto a la Naturaleza, nos interesa traer aquí la idea de la Arquitectura del Paisaje, es decir, el establecimiento de cierto orden sobre el medio físico, usando los materiales que le son propios y exclusivos. Y como referencia inspiradora acudiríamos al Emerald Necklace que Frederick L. Olmsted desveló a lo largo del río Moody en Massachusetts. La geografía, la geología o la hidrografía tienden líneas -casi indelebles- sobre el suelo, que la ciudad puede recuperar para introducir la vegetación más consistente en su tejido denso. Madrid Río es un ejemplo de esto. Muchas ciudades del mundo descubren hoy corredores verdes sobre trazas casi borradas o sustituidas con el tiempo por sistemas de trafico motorizado: Seúl, Boston, Liubliana o Seattle nos hablan ya de un trueque feliz: infraestructura verde en vez de superestructura gris. En Madrid, la “artificialidad natural” del Campo del Moro (plantado en 1844) y de la Casa de Campo (re-plantado en 1945) soporta con fortuna un futuro más verde.

En cuanto a la vigencia del espacio público, y siendo precisos, de la PLAZA como lugar social de expresión, de confluencia y de libertad, solo debemos mirar mínimamente hacia atrás. La ciudadanía ha tomado las plazas, y éstas han proyectado su voz, o su canto, mucho más lejos que nunca antes en la historia. Muchas expresiones colectivas de inconformismo o renovación llevan el nombre de una plaza sobre su frente. La tecnología, tanto en el primer como en el segundo caso, es una amigable compañera de viaje. Con la Naturaleza, porque permite incorporar materiales vivos -árboles, arbustos y alfombras vegetales- a un medio algo hostil, como es el centro de una ciudad. Los nuevos sistemas de transporte de la vegetación desde sus campos de origen, de plantación, de nutrición y de irrigación, así como las ciencias aplicadas al mantenimiento y al aprovechamiento de los residuos vegetales, permiten soñar con un espacio casi natural en el centro urbano. Y con la Ciudad de la gente, porque la capa digital que sobrevuela entre los edificios permite que cada persona pueda hablar y fijar sus palabras en un medio indeleble y accesible. Interactuar con la suma de sus experiencias. Hacerse oír por todos y sobre todo por los que han de velar por el interés común. Disponemos de la tecnología, y mañana la tendremos más y mejor. ¿Por qué renunciar a una de las dos caras de este espacio que la ciudad quiere recuperar? ¿Por qué no hacer que Naturaleza y Ciudad se hermanen en un lugar mítico como Ekindú y Gilgamseh? ¿Por qué no plantar el más fresco y frondoso de los parques, ayudados de los árboles que nos esperan desde hace décadas? ¿Por qué no, TAMBIÉN, abrir un espacio urbano libre, equipado, limpio y conectado, en el que sea fácil sumar vivencias ciudadanas, programarlas, celebrarlas? No queremos renunciar a nada de esto. Sobre esta idea se sustenta el proyecto .

110 AÑOS DESDE EL PRIMER DÍA.

El año 1908 convoca, sin quererlo, tres hechos que, al coincidir en el tiempo, hoy nos hablan de que las casualidades no existen. Henry Ford presenta su primera producción de coches populares fabricados en cadena industrial. Nicolás Peñalver, alcalde de Madrid, proclama un bando en el que literalmente dice: “el automóvil no debe circular por una población a velocidades excesivas […] pero el peatón no tiene tampoco derecho a disputar a los vehículos la posesión y disfrute del centro de las calles y plazas…”. Ese mismo año se demuele el cuartel de San Gil, liberando para siempre el espacio que hoy ocupa la Plaza de España. Ciento diez años después, se inaugurará la nueva plaza. Este espacio público habrá abandonado definitivamente el siglo veinte, el siglo en el que el automóvil privado no dejó de fagocitar, década tras década, el espacio común de los ciudadanos.

La propuesta se puede explicar con breves palabras, encontrando respuesta a pocas preguntas. Cómo disminuir la presencia de automóvil sin colapsar la circulación. Cómo incorporar una continuidad total del espacio libre. Cómo tratar el paisaje para enlazar ámbitos verdes de gran valor. Cómo proponer un espacio cívico, puramente urbano, que no niegue ninguna respuesta a las anteriores preguntas. La disminución del tráfico pasa por las siguientes premisas: es necesario disminuir drásticamente los carriles de Gran Vía y Cuesta de San Vicente. También lo es prolongar el túnel existente hasta la Calle Ferraz. Por último, eliminar el giro a la izquierda que desde gran vía acomete la cuesta de San Vicente para salir de la ciudad y reconducirlo por la calle Ventura Rodríguez. Con estas operaciones la intensidad del tráfico puede reducirse al 50% en días de diario. Pero, además, los días en que la Gran Vía solo se use para transporte público, se garantiza la descongestión de la plaza y la peatonalización de Princesa en sus primeros tramos, gracias a la salida de la ciudad por Ventura Rodríguez y a la desviación, posible gracias al túnel, del tráfico de entrada hacia Bailén y Ferraz.

La continuidad espacial, gracias a la reconfiguración del tráfico alcanza su plenitud. La plaza conquista por completo sus bordes sur y oeste. Se extiende hasta besar los pies de los edificios y así amplia notablemente su superficie. Además, mediante una operación que concilia las diferentes cotas de nivel, el suelo que sustenta toda la operación se suaviza como una alfombra mullida desde Princesa hasta los Jardines de Sabatini, desde Gran Vía a Bailén, desde la Plaza de Oriente hasta el parque del Oeste. Más del noventa por ciento de estas superficies tiene una pendiente menor del 3%. Además, nuestra decidida voluntad de suprimir desniveles verticales lleva a proponer una nueva conexión peatonal ente Madrid Río y la Plaza, a través de un talud arbolado que asciende dulcemente hasta los Jardines de Sabatini. El paisaje que construimos es un tratamiento reparador. Actúa cosiendo los paisajes que esperan. El principal material, la vegetación. La pauta, la marcada por las plantaciones existentes: la potencia de las masas del Campo del Moro y el Parque del Oeste, la sutileza del ajardinamiento de Sabatini o la contundencia de los árboles que aún resisten en la Plaza. Plantamos mil árboles más. Las trazas del arroyo Leganitos, la del antiguo Camino del Río, y los flujos consolidados de las personas desde los barrios, son las que reafirman la geometría del proyecto. En realidad, la geometría progresa desde el orden decimonónico hasta la explosión fractal de los parterres que expresa el conflicto resuelto entre la Naturaleza y la Ciudad. Y en el claro del bosque, un lugar que expresa la identidad de los ciudadanos dibujado como una huella digital sobre el pavimento, como un código de barras que se conecta con el mundo.

The myth about the conflict between the natural and the artificial is anything but new. The Epic of Gilgamesh (c. 1500 BC), the earliest work of literature we know, already captured that matter on its eleven clay tablets. In the poem, a wild man born in the Nature and raised by animals confronts the hero of the City. They fight in the market square and, being unable to defeat each other, they reach an agreement and make peace forever. This is how the friendship between Ekindu and Gilgamesh arises. From the age of Sumer, the town’s Square is a place where you can enter as enemies and leave as friends. Contemporaneity brings new interpretations, both about Nature and about the essence of the urban Public Space. These are all different readings, some more modern than the others, but all of them irrefutably modern. Regarding the Nature, the idea of Landscape Architecture is of interest to us, meaning the establishment of an order over the physical environment using the materials typical and exclusive to it. As an inspiring reference we repair to the Emerald Necklace revealed by Frederick L. Olmsted along the Moody River, in Massachusetts. Geography, geology and hydrography draw almost indelible lines on the soil, which the city can get back to introduce the thickest vegetation into its dense tissue. Madrid Río is a good example of it. Many cities in the world are today building green corridors on traces almost deleted or substituted by motor traffic systems – Seoul, Boston, Ljubljana or Seattle are witnesses of a lucky exchange: green infrastructure in place of grey superstructure. In Madrid, the “natural artificiality” of the Campo del Moro (planted in 1844) and the Casa de Campo (replanted in 1945) with fortune bears a greener future.

Un paseo por la cornisa

Rodrigo Núñez Carrasco//Carlota Álvarez Guzmán, Guillermo Álvarez de la Puente, Pablo Benito Plaza, Jorge Borondo Pérez-Gómez, Enrique Sánchez Vázquez, Iñigo Esteban Marina y Carlos Garberi Jimeno. FINALISTA

Los objetivos perseguidos por la propuesta presentada se resumen en cinco grandes estrategias, la primera en relación a la globalidad de la ciudad de Madrid, y las otras cuatro en relación al diseño del ámbito de actuación:

-Un nuevo paseo urbano por el centro de Madrid (mejora de la cohesión urbana global). Se ha entendido el proyecto como una oportunidad para generar un ámbito peatonal de mayor envergadura en Madrid, por lo que se propone crear un nuevo paseo, un paseo por la cornisa de Madrid, de la misma entidad que Madrid Río pero por el centro de la ciudad. Este nuevo eje de circulación peatonal y de bicicletas permitiría cohesionar la gran red de espacios verdes de este área de la ciudad: el Parque del Oeste, Plaza España, los Jardines de Sabatini, la Plaza de Oriente, y más allá del ámbito directo de actuación los Jardines de las Vistillas, el Parque de la Cornisa, Madrid Río y la Casa de Campo.

-Una plaza diáfana y sin barreras (mejora de la calidad funcional). Se propone una plaza sin barreras físicas (todo el ámbito si trata como un único plano continuo de pendientes suaves para que sea accesible para todos), sin barreras urbanas (mejor conectada con todo su entorno, evitando elementos que interrumpan el paso) y sin barreras visuales (liberando el campo de visión del viandante de cualquier obstáculo, consiguiendo una plaza que transmita amplitud espacial y seguridad).

-Menos coches, una plaza para el peatón y la bicicleta (mejora de la movilidad). Se persigue aumentar el espacio peatonal (con la creación del nuevo paseo Madrid Cornisa, mejorando la conexión con Gran Vía y Princesa, y clarificando las circulaciones en la plaza y su entorno), aumentar la presencia de la bicicleta (integrando un carril bici el nuevo paseo por la cornisa y con conexiones a Madrid Río y el centro de la ciudad), mejorar la movilidad del transporte público (reorganizando la estación de metro, paradas de taxis y líneas de autobús) y reducir el espacio dedicado al vehículo privado (reduciendo el número de carriles de tráfico, limitando el área de circulación a los extremos este y sur, semipeatonalizando el perímetro norte, y prolongando el túnel de Bailén hasta Ferraz).

-Más verde, más sombra y más sostenible (mejora de las condiciones medioambientales y paisajísticas). Se propone crear grandes superficies verdes (las praderas metropolitanas), aumentar considerablemente el número de árboles (para crear una plaza fresca en verano, y al ser éstos de hoja caduca, soleada en invierno), y apostar por un entorno más sostenible, no sólo desde lo medioambiental (integración en la infraestructura verde de Madrid, reducción de la isla de calor, especies vegetales acordes al clima de Madrid, reutilización del agua pluvial para el riego, etc.), sino también desde lo social (mejora de la interacción, identidad, salud y cohesión social y urbana, etc.) y lo económico (reducción de costes de mantenimiento, uso de materiales locales mejora de la actividad económica del barrio, etc.).

La propuesta se concibe para que todos puedan disfrutar en ella: los vecinos del barrio o de otras zonas de la ciudad, los turistas, los niños, los mayores, etc. Por ello se proponen y compatibilizan diferentes tipos de espacios dentro de la plaza: estanciales (tanto en áreas pavimentadas como en la totalidad de áreas verdes); de encuentro (pensadas en torno a puntos emblemáticos de la plaza o de encuentro natural, como pueden ser el Monumento a Cervantes, las salidas de metro que se tratan como pequeñas plazas urbanas, etc.); de tránsito; zonas polivalentes (todo el paseo central por sus dimensiones permite ser utilizado para diversos usos como conciertos, desfiles, espectáculos, etc.); zona para mercadillos (pensada en el perímetro norte de la plaza en contacto con las calles Martín de los Heros y Juan Álvarez Mendizábal, liberando la zona central de todo este tipo de elementos lo que permite mantener la identidad de la plaza intacta en todo momento); y, por último, zonas de interacción urbana, lúdicas, culturales, etc. (todas ellas potenciadas con diferentes puntos de actividad que se colocan por todo el ámbito de actuación).

En el subsuelo se mantienen los actuales usos, tanto el aparcamiento (que se propone de uso mixto, y que ve aumentada ligeramente su capacidad con la reordenación de usos bajo rasante) como los locales comerciales (que se integran con las entradas hacia la nueva estación de metro, mejorando así su accesibilidad), y, además, se incorpora una biblioteca municipal (iluminada cenitalmente desde la plaza), que permite un fácil acceso tanto para los viandantes como para los usuarios que se desplacen en metro. La propuesta trata de integrar no sólo todos los monumentos y edificios de interés existentes en el ámbito de actuación, sino también los del entorno circundante. Se han creado tres plazas que responden a tres ámbitos dominados cada uno de ellos por uno de los monumentos existente. La plaza central se estructura en torno al monumento a Cervantes y la fuente central cercana al eje Princesa-Gran Vía. La nueva plaza cercana al entorno del Templo de Debod permite dignificar e integrar en la ciudad el monumento dedicado al Dos de Mayo, que ahora se localiza en una zona secundaria del entorno. La plaza circular propuesta en el acceso a los Jardines de Sabatini, permite integrar en la propuesta, además de estos jardines, la fuente histórica que se encuentra en este lugar.

Además, el paseo lateral propuesto en la zona norte de la plaza desemboca en la Iglesia de Santa Teresa y San José, integrando este edificio histórico también en la plaza. Edificios como el Senado, la antigua Sede de la Real Compañía Asturiana de Minas, y el edificio en la esquina de Ferraz con Plaza España ven mejorado significativamente su entorno y son integrados en la plaza con la localización de diferentes puntos de actividad en torno a los mismos. El Museo Cerralbo se integra en la propuesta semipeatonalizando el tramo de Ventura Rodríguez en el que se sitúa. La Torre de Madrid y el Edificio España se convierten en la primera referencia visible al salir desde las nuevas salidas de metro propuestas, remarcando el peso que tienen en la construcción de la identidad de esta plaza. Todas estas medidas permiten dotar de una fuerte identidad y recuperar el papel simbólico de la Plaza de España dentro de la trama urbana de Madrid y la memoria urbana colectiva de los madrileños.

Entre-Luces

Patricia Fernández García y J. Ramón Gámez Guardiola//Laura de las Heras Pérez y Jorge Fernández Gómez. PRIMER PREMIO

El pensamiento ilustrado está presidido por la tentativa de humanizar el mundo, en el sentido de ejercer el dominio de la razón. Su iniciativa cultural es siempre la de cultivar un orden racional sobre el caos; medir, ordenar y clasificar, a través de la geografía, la ciencia, las técnicas y sobre todo la enciclopedia, que es el gran producto ilustrado que trata de unificar todo ese intento de dominar el universo.Por otra parte, la filosofía de la ilustración, presidida por los intelectuales franceses, Rousseau, Voltaire…, pero también por el empirismo británico, (Locke y Hume), y por el proyecto filosófico que transforma el pensamiento de forma más radical, la filosofía crítica alemana de Immanuel Kahn. El pensamiento de la época, con sus múltiples matices y derivaciones privilegia al sujeto; en primer lugar, desde la filosofía kantiana, como protagonista de la posibilidad de conocimiento; en segundo término como individuo, como héroe de la libertad y la igualdad, protagonista del liberalismo clásico iniciado en el siglo anterior por John Locke; y en tercer lugar como sujeto político, el ciudadano que la revolución francesa ensalza, como consecuencia del individualismo liberal y que se proclama actor principal del contrato social, las revoluciones y la inicial semilla que desembocará más adelante en la proclamación de los derechos humanos (inicialmente fue la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789).Dos son las pautas que pueden guiar el proyecto de exposición en el palacio del Capricho: la cultura ilustrada como intento de establecer un orden racional en el mundo, y la emergencia del sujeto/individuo/ciudadano, como presencia nueva en las formas de afrontar el pensamiento y la política. Pero esta cultura ilustrada, que clasifica como parte de su tarea esencial, ha establecido una división entre público/privado, masculino/femenino, interior/exterior.

La figura de la Duquesa de Osuna es el contrapunto capaz de introducir los matices pertinentes a esta idea de racionalización. La división radical entre lo masculino y sus funciones y lo femenino y sus funciones queda alterada. Es la emergencia de la figura femenina como impulsora del proyecto del palacio y el jardín, con la finalidad de constituir un espacio de desarrollo cultural. La mujer como mecenas de artistas, por una parte, y como figura intelectual por otra, alejada de su papel exclusivamente doméstico. Precursora de una individualidad extendida a la mujer como objeto de derecho (obsérvese el texto en masculino de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano), que solo emerge más tarde y que no es reconocida oficialmente hasta bien entrado el siglo XX. En 1791 Olympe de Gouges proclamó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana pero a través de un documento no oficial, y con ello la cuestión de los derechos de la mujer se convirtió en tema central de los debates políticos en Francia y Gran Bretaña. Una mujer entre dos siglos, con un papel protagonista y precursora, contrapunto a la racionalidad ilustrada, pero siendo a la vez mujer ilustrada.

Por otra parte, en el intento de humanizar el mundo, se entrecruza la Naturaleza, como segundo contrapunto a la cultura. La tensión entre Naturaleza/Cultura, queda bien expresada en el tratamiento de los jardines, naturaleza diseñada para cambiar su escala y adaptarla a la medida del hombre en todos los sentidos. Naturalezas regulares y jerarquizadas, que van desde el jardín geométrico dispuesto según ejes que dan continuidad desde una arquitectura dada, hasta el jardín paisajista, que reproduce el territorio natural. El jardín como continuación doméstica, como continuidad de lo domesticado.

Ambas cuestiones, la Mujer, como contrapunto de la individualidad exclusivamente masculina de la época, y la Naturaleza, como contrapunto de la cultura de la racionalidad a través del jardín, confluyen en la figura de la Duquesa de Osuna y el palacio y jardín del Capricho, que servirán de telón de fondo para un discurso que tratará de enfatizar el espacio intermedio, la tensión, la vocación de cambio, mostrando los polos contrapuestos, pero sobre todo su confluencia.

Volavérunt

Bernardo Angelini Malatesta, Javier Argota Sánchez-Vaquerizo, Rodrigo Delso Gutiérrez y David Casino Rubio//César Cañadas y Román Sost. SEGUNDO PREMIO

Volavérunt es un museo-transición entre los jardines del Capricho y un espacio aéreo de miradas y música que lo re-enmarca. La operación dobla el eje del parque para no dejarlo morir en el callejón de la Alameda y lo sube al cielo para permitir observar su realidad desde una nueva perspectiva. El proyecto realiza una mínima intervención arquitectónica de vaciado para generar un gran espacio de silencio, que permita disfrutar de un tiempo en blanco, hasta llevamos de nuevo al Parque del Capricho, pero desde una nueva visión; no sólo espacial sino, también, intelectual, empoderada y afectivamente impactante.

El Parque del Capricho es uno de esos lugares inesperados, un paraíso verde entre jardines de hormigón, que no necesita ser potenciado. Tan sólo hay que dejarle brillar. Volavérunt encuentra un hueco posible en el palacio para crear el espacio lo suficientemente flexible para elaborar una transición progresiva, entre la experiencia inmersiva a ras de suelo y la vivencia abierta a vista de pájaro. Una caja entre dos mundos: el térreo y el aéreo.

La dificultad principal a la hora de enfrentarse al proyecto viene de la existente belleza de los jardines del Capricho; de no añadir con la intervención un ruido que compita o reduzca La grandiosidad natural del parque. Es por ello que se opta por un espacio sublime que conecte visualmente con el resto de estancias museísticas y sirva como lugar de descompresión de la exuberancia del parque. Este movimiento arquitectónico hace de preludio al espacio mágico de las cubiertas programadas; un lugar para hacer conciertos -los atardeceres del Capricho-, recitar poesía, estrenar obras de teatro, tan sólo, quedarse mirando, asomada desde el balcón, el principal protagonista: los Jardines del Capricho.

El vacío generado por Volavérunt conecta los tres patios protegidos del palacio para convertirse en uno más de ellos pero cubierto, aclimatado, controlado, capacitador, expositivo y energético. Todos funcionan en conjunto conformando un corazón-espacio dentro del palacio. Esta conexión interior-exterior permite un sistema de perspectivas-miradas complejo: la mayoría de los espacios de exposición están relacionados visualmente con los patios y el jardín sublime. Es un sistema, visual que conecta todo el proyecto a través de un hueco que todo lo ve, que todo lo conecta.

El vacío sublimado nos transporta al espacio mágico del Jardín Lejano en altura que culmina la vuelta al eje del Parque del Capricho pero, esta vez, desde arriba. Este espacio funciona como un mirador y auditorio capaz de configurar y dar sentido a la idea de un museo dentro del espacio de naturaleza más exuberante de Madrid. Además, el proyecto recupera el antiguo uso de las cubiertas para mirar el jardín y trae de vuelta la gran afición de la Duquesa por la música clásica en el palacio. La terraza del Capricho vuelve a sus orígenes. En definitiva, Volavérunt encuentra un hueco de oportunidad dentro de un palacio de estancias para generar un corazón conectado que te lleva hasta las cubiertas-auditorio-mirador.

El sistema arquitectónico del proyecto (doblar el eje y llevarlo a la altura) queda reforzado por un sistema museístico basado en la construcción de naturalezas -principalmente artificiales- que recorren y organizan los espacios recuperados y restaurados. Estos jardines funcionan como transiciones entre el espacio sublime y las estancias más importantes del palacio conformando un recorrido de contrastes entre la memoria histórica y la memoria cultural del palacio. Esta operación tiene sus raíces en los distintos rituales celebrados durante la Ilustración en los palacios de la aristocracia y, en particular, lo ocurrido en el parque ya que todos los jardines interiores tienen una relación directa con alguna de las estancias de los Jardines del Capricho.

Atlas

Agi Architects Spain, S.L.//Joaquín Pérez-Goicoechea y Justo Ruiz Granados. TERCER PREMIO

El Capricho es un palacio unido a un jardín que, aislado tras sus tapias, fabrica un pequeño Universo. Colecciona, de alguna manera, el mundo. Entendiendo esto, la propuesta lee Palacio y Jardín como uno solo, y como una muestra de algo mayor qué está afuera. A través de ella activa y actualiza los marcos conceptuales de la Ilustración, convirtiéndolos en un laboratorio para la producción de futuros. “Hacer presente con certeza / las virtudes que da la naturaleza”. Como en la cita de Ventura Aguado, poeta protegido de la Duquesa de Osuna, proponemos entender “El Capricho” como una experiencia sensible e intelectual ligada al jardín y amplificada en el Palacio. La propuesta extiende el museo a todo el conjunto, partiendo de la idea de naturaleza fabricada, de una naturaleza medible, sensible, que se construye, habita y disfruta. En el propio Capricho se encuentran las formas ilustradas de “estar en el mundo”, que se proponen como estrategia museográfica a través de una lectura técnica, científica y artística del conjunto que lo convierten en un laboratorio de investigación y creación sobre el jardín y la vida del jardín. La Ilustración creía que la ciencia y la técnica serían dispositivos que harían posible el conocimiento, ordenación, gobierno y disfrute de todo lo existente. El proyecto incorpora estos posicionamientos idealistas de forma actualizada, a la vez que permite trabajar sobre sus contradicciones y polémicas desde una actualidad poscolonial, permitiendo discutir cuanto de aquella permanece en nuestra sociedad. El proyecto se articula a partir de cuatro formas de hacer ilustradas: técnica, conocimiento, colección y divertimento, a partir de las cuales dar lugar a un “urbanismo” particular o reglas de ocupación específicas. Desde ellos se activan cuatro líneas de interacción con jardín y palacio, dirigidas a artistas, científicos e investigadores y público general, entre los cuales será posible establecer formatos de mediación: un ATLAS que es un lugar vivo y sensible desde el cual entendernos mejor como herederos de la época de las luces.

Conversación con Carlos Rubio Carvajal

Esta entrevista se publica en el primer número de la nueva etapa de la revista Arquitectura, donde hemos pensado que era importante hablar con alguien vinculado a la política del Colegio, pero con presencia en otros campos relevantes de la profesión como la propia práctica profesional, el Ayuntamiento y la Ciphan (Comisión Institucional para la Protección del Patrimonio Histórico-Artístico y Natural), y en tu caso además pasado por tu trayectoria académica de largo recorrido en la Etsam. Con la idea de repasar tu opinión personal sobre la profesión, la arquitectura ahora mismo, la ciudad de Madrid desde tu posición en el Coam, y en definitiva tu mirada sobre otras situaciones diversas en las que estás involucrado.

Empezando por ejemplo por esto último: ¿crees que el Colegio debería tener una posición beligerante respecto a lo que es la práctica de la arquitectura en la sociedad o esto es algo que ya es imposible?

Pienso que sí. Si con esto queréis decir que si tiene que tener una opinión el Colegio sobre las cosas que ocurren en la ciudad, yo creo que sí. De alguna manera se intenta tenerlo. Es verdad, que la tiene más en la figura del Decano, porque el Decano tiene una visibilidad y una importante actividad pública. Pero respecto a la arquitectura, el Colegio se nutre de dar atención a todos los arquitectos; a los que trabajan de una manera y a los que trabajan de otra. A los asalariados y a los que trabajan por su cuenta, y evidentemente es difícil atender a todos, aunque ese sea el objetivo.

Por hablar de un tema tan relevante, en el aspecto solo de los honorarios, ¿tiene o quiere tener una posición el Colegio? Porque con la ley ómnibus desaparecieron las tarifas de honorarios, pero hay una posición específica del Colegio, ¿o eso es imposible?

Yo recuerdo que cuando llegó el anterior Presidente del Consejo (Jordi Ludevid), nos convocaon a algunos a una reunión con la idea de evaluar con algo de rigor cuánto cuesta en realidad el trabajo y el tiempo de un arquitecto, con la intención de realizar algo así como una tabla de costes; ¿qué cuesta hacer un plano? Lo que pueden hacer cinco personas lo puede hacer una, pero si lo hace tardará diez horas, y si lo hacen cinco pues a lo mejor tardan una. Un plano cuesta... ¿cuánto? Y ver así lo que sale la hora del arquitecto. Hacer un estudio de costes y ver cómo se van disminuyendo esos costes o como van aumentando esos costes,… Han pasado esos 4 o 5 años y este análisis no está acabado, aún no se tienen esos datos.

Habitualmente cuando hablas con cualquier constructora te dicen –"estoy perdiendo dinero"– y yo digo, –"pues yo no lo sé, supongo que yo también"– pero no lo sé. No sé cuándo empiezas a perder dinero, porque no lo sabes, pero lo que sí está claro, y la gente debe darse cuenta, es la proporcionalidad: "¿Que me pagan menos? Pues yo pongo menos recursos para el proyecto". Lo malo es que al final, el proyecto tiene que salir bien, es decir, realmente es muy difícil ajustarse. Pero la sociedad no nos valora, no valora nuestro trabajo, esto es lo que tenemos que saber, porque es la realidad.

¿En qué momento crees que ha cambiado esta situación? ¿En qué momento hemos dejado de ser fiables?

Pues poco a poco. Tenemos fama de caprichosos, de querer jugar con nuestro ego, y con nuestras decisiones pero siempre con el dinero de otros, no damos nada. Y no hemos cumpido, al menos en muchos de los casos. No nos hemos ajustado a los precios o a las expectativas depositadas en nosotros.

Y de cara, a los estudios de arquitectura, ¿cómo lo ves?

Pues, mira yo creo que la arquitectura existe desde hace muchísimo tiempo, y seguirá habiendo arquitectura. Pero estará más en manos de las ingenierías, o de las corporaciones, que de los estudios tradicionales. Yo creo que España tiene una tradición de estudios no muy grandes, de estudios medianos que ha ido creciendo pero que siguen funcionando a modo de guerrillas, en algunos casos ganando las batallas…

¿Qué tanto por ciento se dedica tu estudio a pagar a las consultorías? ¿Cómo ha cambiado en 25 años la relación de las consultorías respecto al proyecto final?

Yo siempre he sacado fuera las colaboraciones con consultorías, y creo que no, que eso no ha cambiado tanto. Las ingenierías con las que trabajamos son muy asequibles y siguen siendo muy personales en la relación.

Pero, ¿en qué tanto por ciento de un proyecto participan las ingenierías? Y ¿la parte en la que tú intervienes? Los arquitectos antes participábamos en un 90% del proyecto, y ahora intervenimos en un 45%, o así, porque aperecen ingenierías u otra serie de agentes que antes no existían.

Yo en realidad eso no lo he notado tanto. Aquí en mi estudio, el proyecto sale encajado, todos mis colaboradores son arquitectos y más jóvenes. Se conocen el CTE, saben la normativa, saben cosas que yo no sé. Hoy he ido al Ayuntamiento de El Escorial para revisar el proyecto de una casa y el técnico me ha pedido unas especificaciones muy concretas que yo desconozco cómo definir y en eso me apoyo completamente en mi equipo. Es decir hacemos la Seguridad y Salud, el CTE, una cantidad de cosas crecientemente complejas.

En cuanto a la relación con las ingenierías de estructuras o instalaciones, unas veces hemos trabajado con unos y otras con otros. Y la verdad que los que te dan mejor resultado son los que son más pequeños, también normalmente más jóvenes y más competitivos. También con una atención más personalizada. He trabajado también con ingenierías grandísimas que han sido un desastre, que no se involucran, que no se enamoran de su propio trabajo y solo buscan resultados, y exigencias, y exigencias… Hay ahora mismo ingenierías más ágiles que responden muy bien, dibujan todo, te explican, te atienden en la obra, no te piden mucho dinero. Porque hay gente más cara, pero con los honorarios que te van pagando, también las consultorías deben ajustarse.

Y de cara a los jóvenes, ¿ves una diferencia grande en comparación con hace 25 años?

Bueno, los jóvenes tienen una dificultad enorme de encontrar trabajo, porque esta profesión es de muy largo recorrido. De joven no te conoce nadie, y cuando no te conoce nadie, no puedes confiar en que te llame alguien. A lo mejor en las generaciones anteriores sí, porque no había tantos arquitectos y había que llamar al único arquitecto que había en el pueblo, o en la ciudad, pero ahora es muy distinto. Tienes que empezar a hacerte un nombre a base de concursos, y los concursos ahora lo están impidiendo en gran medida las nuevas leyes que valoran mucho la experiencia, y evidentemente esto dificulta la situación

Y en esta nueva realidad, ¿qué papel tienen los Colegios de Arquitectos?

Los Colegios puede incidir mucho en el tema de los concursos, en que las administraciones hagan concursos más limpios de los que hacen. Más Concursos de Ideas, concursos más específicos, más temáticos, etc. Depende del caso. Si haces un concurso para hacer la remodelación de la Castellana, pues es lógico que te pidan una experiencia, unos requerimientos, que te hayas enfrentado a temas parecidos anteriormente…

Pero los Concursos de Ideas que se hacían en Madrid hace 10 años gestionados por el COAM, la EMVS, etc, han desaparecido prácticamente todos.

Yo he sido muy “concursero” toda la vida, hemos participado en concursos desde siempre. Pero, es justo decir que los concursos también limitan la relación del arquitecto y la realidad. Yo recuerdo que siempre se decía que un buen proyecto es la unión de un buen arquitecto con un buen cliente, pero la relación con un cliente el concurso la anula, en gran medida. Por no hablar del efectismo, claro: el presentar una infografía maravillosa y luego ser incapaces de construirla, como tantas veces pasa, algunas en Madrid y en lugares muy representativos que todos recordamos… Ahora mismo hay muchos concursos de viviendas, la mayoría de las promotoras tradicionales han desaparecido, y son los fondos de inversión los que tienen unos gestores que manejan unos suelos, en muchos casos residenciales.

Carlos, tú estás en la CIPHAN, ¿cuál es el papel del colegio en la CIPAHN?

Bueno hay dos Comisiones a las que va el Colegio. Una es la que se llama la CIPHAN y otra que es la CPLH, una la local, y otra la normal. Una la preside la Comunidad de Madrid y la otra la preside el Ayuntamiento. La que es la más restrictiva, cuida más los BIC, y que está más metida en los temas más delicados de la "almendra central", es la que preside la Comunidad de Madrid. El Colegio está en la CPLH, que es a la que yo voy más, pero no tiene voto, solo tiene voz, pero los temas se resuelven fundamentalmente por consenso. En la otra, la CIPHAN, tiene voto el COAM, pero las resoluciones están mas en mano de los representantes de gerencia y los partidos políticos.

Y ¿cómo funciona el diálogo? El convencer a alguien...

Pues normalmente está todo muy tabulado, y las Comisiones la verdad es que están muy condicionadas por los posibles efectos judiciales de sus decisiones, ya que cada vez más puede haber alguien que ponga una demanda, o denuncia. A esto se suma la presencia creciente de ecologistas y personajes preocupados en extremo por asuntos ambientales y por dejarlo todo como está, por no tocar nada. Madrid siempre ha sido una ciudad muy rancia y muy "cobardona" para hacer cosas. Siempre hay una voz que dice –"¡no, peligro!"– Si haces un proyecto enterrado, vale pero como quieras sacar un poquito la cabeza, mal… Y cada vez hay un Catálogo más cerrado, más perfilado. Hace poco ha habido una gran polémica porque se había empezado a demoler un convento en Paseo de la Habana, cuya demolición estaba aparentemente permitida por una Licencia de la Junta Municipal correspondiente, pero prohibida por Patrimonio, ya que el Ayuntamiento aún no ha renovado partes de su Catálogo y el criterio de unos técnicos municipales ha chocado con el de la Comunidad de Madrid.

O sea que tú crees que ahora mismo hay preponderancia de situaciones normativas, aunque sean contradictorias, por encima de la posibilidad de que haya algún tipo de "sabio mediador", si se puede usar un término de este tipo…

La ciudad no tiene ese tipo de figuras y en eso es en lo que yo me puedo sentir útil, en ocasiones. Pero hay mucho que ya está tabulado, por el Plan General de Madrid, o porque la ley dice lo que está protegido, o no. Porque dice si es singular o no es singular, si es estructural, ambiental… y entonces tienes lo que puedes hacer y lo que no puedes hacer. En realidad, cada vez hay menos margen de interpretación.

Cambiando de asunto, es conocido tu contacto con algunas de las figuras del periodo heroico de la Modernidad en España. ¿Crees que la figura profesional que representan estos maestros españoles tan mitificados, tiene una lección para los arquitectos jóvenes de ahora? ¿O si todo lo que se va a trasmitir de ellos son situaciones singulares de difícil aplicación en el momento actual?

Yo creo que si se recuperaran, y algunas se podrían por YouTube, conferencias o charlas que hayan dado algunos de estos arquitectos como Sáenz de Oiza, Alejandro de la Sota, Miguel Fisac, o mi tío Javier Carvajal, del que he conseguido recuperar creo que dos, sería de mucho interés para los estudiantes y arquitectos jóvenes. Las de Carvajal son una hablando sobre Le Corbusier en el Colegio de Arquitectos, y un texto que escribió cuando le becaron para el Premio de Roma. De Oiza tengo buenos recuerdos porque le tuve en clase y luego le tuve como profesor de Doctorado, y la verdad que fue un tipo espectacular. Oiza, hablara de lo que hablara, que podría ser algo que había leído en el metro esa mañana, lo relacionaba con el mundo entero, tenía una enorme facilidad para relacionarlo todo entre sí, y esto creo que es importante para un arquitecto. Recuerdo, hablando de Oiza, una cena en casa de Gabriel Ruiz-Cabrero, con Oiza y Rafael Moneo y no sé de qué discutían, no me acuerdo, pero continuamente Oiza sacaba como argumento el último libro que estaba leyendo en ese momento, diciendo, "¡porque mira lo que dice aquí!", y recuerdo a Moneo saltar y decir –"¡estoy harto Paco, de que cada vez que me sacas un libro parece que me sacases una pistola!".

Cuéntanos algo sobre el proceso de trabajo con Norman Foster para la Ampliación del Museo del Prado.

Pues poder trabajar en este proyecto para el Museo del Prado ha sido una suerte y un privilegio, sin duda. En estos momentos estamos llevando a cabo su desarrollo en las dos oficinas en coordinación. Yo creo que Foster ha hecho una apuesta muy grande por Madrid, también personal, como todo el mundo sabe. Y reconociendo el valor extraordinario que como patrimonio para España tiene el Museo del Prado. Yo creo que él es muy consciente de lo que significa el Prado. Por otra parte es interesante ver su sistema de trabajo, ya que vive con el teléfono y un cuadernillo que siempre es el mismo, la misma calidad, los mismos lápices Pentel y lo dibuja todo; incluso escribe textos que luego fotografía y manda los croquis y los textos a quien sea, a su oficina de Londres o de Madrid, o a donde sea. Verle trabajar de esta forma al tiempo tan artesanal y tan tecnológica es una gran lección de contemporaneidad.

El aprendizaje en el proyecto que estamos haciendo es el de entender cómo actuar en este edificio que es un edificio muy tocado, que seguramente no nace con una gran calidad, nace con prisas y no representa ningún momento memorable arquitectónicamente hablando, pero que conserva el valor testimonial y el de su traza, de pertenencia a un conjunto de orden mayor. El Palacio se termina y cuando vienen los franceses en la Guerra de la Independencia lo toman como cuartel general y cuando son expulsados se bombardea por los ingleses y por los españoles. Del Palacio original van quedando restos, cosas que se acaban demoliendo, una torre que había caído y se reconstruye, etc. Y cuando llega Isabel II no saben qué hacer con el Palacio. Fernando VIII lo abandona, e Isabel II no sabe qué hacer con él y lo vende. Se vende todo y se hace el Barrio de Los Jerónimos. De forma que el resultado actual es de fragmentos sueltos, que recuerdan al estado original vagamente (el plano horizontal, el podio que hay hacia el norte,…). Todo eso nos sirvía y así se lo conté a Norman Foster, porque me pareció que el proyecto debía contar la historia de todo eso a través de nuestra propuesta.

Yo creo que la arquitectura es una especie de evolución en la que van perdurando los trazados a lo largo del tiempo. Hay todavía muchas ciudades en el mundo en las que puedes reconocer el cardo y el decumano y ya no queda ya nada romano, pero ha quedado una huella, que es una cicatriz que el tiempo no ha sido capaz de eliminar.

Es decir, lo fundamental es trazar las cosas. Cuando Manhattan se traza, no se traza para hacer rascacielos, sino para hacer casas de 3 plantas, y es el mismo trazado que tenemos ahora, y ahora son rascacielos. Y resulta que no es un desastre, sino que es extraordinario, y la gente desea ir a jubilarse a Manhattan. O a Barcelona. La Barcelona de Cerdá no es muy distinta a la Barcelona de ahora, y la Barcelona que tenemos ahora es más completa, deseada, porque tiene la intensidad que no tenía la ciudad original de Cerdá, esa densidad que te permite una cantidad de servicios urbanos, actividades, usos, etc.

¿En se sentido, cómo es la evolución futura de Madrid con las trasformaciones a la vista?

Yo recuerdo que ya mi tío (Javier Carvajal) hablaba de algo que él llamaba, la "Ciudad Región", y explicaba que Madrid podría ser una gran Ciudad Región, y creo que a eso nos dirigimos. Fíjate las ciudades cómo crecen, Madrid con el Plan General del 97 se extendió al máximo de su término municipal. Lo cierto es que ha colmatado un territorio muy grande. Londres definió un perímetro en 1953, y todavía no lo ha alcanzado; han hecho unos parques y ampliaciones, pero no ha alcanzado ese límite y seguramente no lo alcance nunca. Manhattan tenia limitado su perímetro y no ha parado de crecer, y sigue creciendo y no se extiende más allá. Yo creo que ese es el futuro, no colonizar más suelo. Porque la utilidad, que es un factor fundamental, tienen mucho que ver con la densidad, y nosotros venimos de las ciudades mediterráneas que son las que son urbanamente más densas.

Yo creo que Madrid tiene una gran oportunidad con las actuaciones inminentes, la ampliación de la Castellana entre ellas, ya que vamos a tener una gran estación en el norte y otra gran estación en el sur, y estas pueden ser las puertas de esa gran "ciudad región". Ahí van a llegar el metro, los ferrocarriles, los cercanías, muy cerca del aeropuerto, etc. Y es algo que tiene que hacerse con mucha imaginación porque tienen que hacerse unos nodos muy densos y muy atractivos. Y la gente llegará a ellos: podrás vivir en Segovia, llegar aquí y meterte en la red de la ciudad para moverte de muchas maneras, con toda la movilidad que tenga la ciudad. Pero, hasta ahí has tenido que llegar con tu coche, con tu tren o con tu ferrocarril.

Tenemos la suerte que en un extremo está en el norte Chamartín como puerta de la ciudad, y en el sur Atocha, donde debe resolverse el centro de contenedores que hay al otro lado de la M-30 y conectarse con el Parque Tierno Galván. Existen estos dos polos, y tenemos una ciudad fascinante: Madrid no tiene ningún edificio Patrimonio de la Humanidad, pero sin embargo es la única ciudad del mundo que tiene seis o siete ciudades Patrimonio de la Humanidad en un radio muy pequeño: tiene Alcalá de Henares, Aranjuez, Toledo, Segovia, Ávila… O sea que creo que hay que entender esta "ciudad región" con un nuevo enfoque que va a exigir nuevas soluciones.

¿Y qué otros saltos o cambios de paradigma crees que van a marcar el desarrollo futuro de las ciudades?

El gran cambio que está a punto de llegar tiene que ver con el automóvil, no tengo duda. El año pasado fuimos todo el equipo de Madrid Rio a EEUU, a MIT, porque nos daban un premio, y hablando en una cena con un catedrático, nos decían que el debate que estaban teniendo en MIT y Harvard, era sobre todo acerca del coche. O sea que no hablaban sólo de arquitectura. Hay muchos frentes abiertos en este asunto, y todos ellos van a contribuir a un cambio profundo. Este cambio está a punto de llegar, y empieza porque los automóviles no serán de particulares sino que serán de la ciudad como tal. A partir de ahí se podrá recuperar el espacio pasivo del aparcamiento, tanto subterráneo, Madrid yo creo que tiene más aparcamiento subterráneo que casi ninguna ciudad del mundo; la calle Serrano es un aparcamiento entero, la calle Velázquez igual, como en superficie. El coche aparcado no sirve para nada. El coche aparcado es como algo que te sobra en casa, y que puedes tenerlo en la calle. La calle es publica así que ¿porque están los coches privados aparcados ocupando un espacio de lo público? Estar los coches aparcados en la calle no tiene ya sentido alguno, por ejemplo, en Japón no te venden un coche si no demuestras que tienes un sitio donde guardarlo y creo que esto puede ser un gran cambio. Además sabemos que el coche va a dejar de contaminar, que el próximo coche ya no contamina ni hace ruido, ni molesta.

De forma que nos dirigimos a una situación con coches que no contaminen, colectivos, y donde los problemas de aparcamiento vayan desapareciendo. La ampliación de la Castellana puede ser una buena oportunidad; parece que el Ayuntamiento actual quiere hacer toda la ampliación de la Castellana sin aparcamientos. Puede parecer exagerado, pero si se quiere hacer una ciudad densa de rascacielos y no seguir saliendo hacia la periferia, no puede haber aparcamientos. Es imposible. El centro de Madrid no puede permitirse seguir teniendo plaza y media por cada vivienda. Además en la zona de la Castellana va a ser prácticamente imposible, entre el metro, los ferrocarriles y el canal de agua, no se va a poder. No hay sitio donde hacerlo. El transporte público puede evitar mucho el uso del coche.

El modelo de aparcamiento colectivo, y también coche colectivo, me parece que es un modelo que puede funcionar. El transporte público como lo conocemos ahora cubre mucha necesidad de movilidad, no todas, pero si muchas. En su mejor versión una "smart city" es eso, un sistema que te permite por ejemplo venir a un cine a la Gran Vía, reservar una plaza y solo venir cuando está libre esa plaza, o tener un sistema de coches públicos disponibles en circulación permanente, etc. Yo creo que asumiendo estos avances, los modelos urbanos cambiarán progresivamente.

Hay una teoría, más o menos defendida por la izquierda, que defiende que si se eliminan superficies de aparcamiento la gente deja de usar el coche porque es imposible; se peatonaliza por pura necesidad.

Es verdad eso que decís de que la izquierda siempre está contra el coche y a favor de la peatonalización. Y ya empieza a haber gente que dice que la peatonalización excesiva convierte las ciudades en centros comerciales. Porque las ciudades históricas siempre han tenido gente que iba a pie y gente que iba en vehículo, en caballo, o con carreta o carroza, lo que fuera, pero eran varias cosas a la vez, superpuestas. Hoy en día unos van en coche y otros van andando, pero tenemos que ir los dos juntos, porque si no, los centros de las ciudades se transforman en centros comerciales. Lo que se va a hacer en la Gran Vía no es exactamente eso, lo que se va a hacer es peor, ya que se trata de reducir la circulación al máximo y que pase el que pueda, que la gente se busque la vida hasta que acabe dejando de haber coches, lo cual no es favorable porque conduce a la excesiva comercialización del espacio, haciendo que funcione en una sola dirección.

Si pero ese es la paradoja de la izquierda. Que los principios de izquierda los acaba recogiendo el capitalismo y los formaliza.

Puede ser. La Gran Vía va a ser gran un parque temático, o un centro comercial, de hoteles y tiendas. Ya no vive nadie en la Gran Vía, y esa superposición que la ciudad necesita, que haya vivienda y al mismo tiempo haya de todo, se va a perder para siempre.

Calculabilidad. Las políticas de las constelaciones transurbanas

Por Andrés Jaque (Office for Political Innovation)

La FIGURA 1 muestra la composición que forman los sujetos y entidades participantes en un momento específico en la producción de una micro-sociedad particular: una familia extensa, que es a la vez un fragmento de una construcción social mayor, la gran Hermandad Mouride. Parte de esta familia extensa vive en una granja en Touba, Senegal.

Fig 1.

Reconstrucción del urbanismo de una familia extendida Mourine, distribuida entre París, Madrid y Touba. Andrés Jaque / Oficina de Innovación Política. 2010dos en la revista durante ese periodo y el número de veces que los artículos publicados en

Otra parte reside y trabaja distribuida entre dos ciudades europeas: Madrid y París. La economía y el bienestar de esta micro-sociedad se basa en la posibilidad de mantener a algunos miembros de la familia –mujeres, ancianos, personas con discapacidad o niños y adolescentes– en Touba, donde el coste de vida es muy reducido en comparación con el de Madrid o París. Mientras que los hombres jóvenes residen en ciudades de países europeos desde dónde, vendiendo carcasas para teléfonos móviles o productos de imitación de marcas como Louis Vuitton en las calles, pueden asegurarse ingresos regulares superiores a los que obtendrían trabajando en Touba. La FIGURA 1 reconstruye la red que incluye a los principales actores participantes en un pequeño evento de gran importancia que ocurrió en 2010: el desplazamiento de un adolescente de la familia que, tras abandonar la granja familiar en Touba, terminó instalándose en el barrio de Lavapiés en Madrid. Un proceso por el cual pasó de ser principalmente receptor en la red de solidaridad de la familia extensa, para convertirse en un activo contribuyente a la economía del conjunto, y a través del cual adquiriría el estatus de adulto dentro de un grupo fuertemente modelado por jerarquías de género, edad y salud. Como parte de un proyecto de investigación desarrollado por la Oficina de Innovación Política, dedicado a estudiar de manera sistemática durante cinco años más de un centenar de casos de 'urbanismos ordinarios', trazamos las extensiones relacionales que convocó este proceso y las formas de urbanismo que lo hicieron posible (1).

Lavapiés se compone de un amalgama de redes sociales superpuestas, cada una de ellas con diferentes grados de permanencia en el barrio. Personas con una dilatada presencia conviven con grupos recientes. Esta combinación se debe en gran medida a la importante fragmentación de la propiedad en la mayor parte de los edificios del barrio. En su mayor parte, los propietarios poseen una única vivienda. Esto ha impedido que el barrio sea una prioridad para los promotores inmobiliarios, a los que les resultaría lento y costoso agrupar la propiedad de los pisos de un edificio, paso previo imprescindible para su transformación integral, dentro de las limitadas lógicas que dirigen la promoción inmobiliaria en Madrid. La multiculturalidad de Lavapiés, es también el resultado de las migraciones que la ciudad de Madrid ha experimentado en las últimas décadas. Las infraestructuras de venta al por mayor, los hoteles boutique orientados al turismo, los edificios de apartamentos remodelados y un gran número de viviendas deterioradas se encuentran ahora a poca distancia unos de otros. Dado que el acceso de ciudadanos senegaleses a países como España y Francia está severamente restringido, los jóvenes mourides tienden a llegar a Madrid o a París como inmigrantes sin papeles. La red de metro es el lugar donde la policía detiene más fácilmente a los inmigrantes indocumentados. Lavapiés ofrece la posibilidad de albergar todas las actividades que estructuran la vida de los jóvenes mourides dentro de una zona de pequeño tamaño: locales de venta al por mayor (donde están disponibles productos listos para la venta como las carcasas de los móviles o las carteras de Louis Vuitton falsas), enclaves turísticos (que les proporcionan potenciales compradores) y apartamentos deteriorados (en los que los hombres moirides pueden encontrar formas de acceder al alquiler). Vivir en Lavapiés ayuda a los hombres mourides a evitar el riesgo de detención policial que presenta el metro, sin perder la posibilidad de usar la calle como el escenario desde el que mediar entre la oferta y la demanda vinculada al flujo de turistas. El proceso de preparación requiere también dispositivos específicos con capacidad para resolver dificultades de idioma y orientación de inmigrantes recién llegados a Madrid o París. La presencia de supermercados africanos y restaurantes senegaleses juega un papel crucial en el empoderamiento de la comunidad mouride en Madrid, ya que proveen acceso a un espacio público donde conocimientos, sensibilidades y habilidades habituales entre emigrantes senegaleses son reconocidos y puestos en valor.

La secuencia comenzó en el momento en que el adolescente que todavía vivía en la granja familiar de Touba decidió emigrar a Madrid. En este punto, la matriarca de la familia (su abuela) llamó desde la granja de Touba a uno de los hombres de la familia residiendo en Madrid, un primo del adolescente. El primo no respondió la llamada desde su teléfono móvil sino que, se dirigió a un locutorio donde, por medio de tarjeas telefónicas, podía acceder a tarifas más favorables. Desde allí llamó a la matriarca de la familia que le informó de la próxima llegada. Éste le pidió a la abuela que le recordase al adolescente que una vez en Madrid, debía asegurarse de evitar el transporte público y caminar hasta llegar a uno de los supermercados africanos o al restaurante senegalés de Lavapiés. El plan tuvo éxito y, en un plazo excepcionalmente corto (ocho meses), el adolescente se presentó sin poder hablar castellano en el supermercado africano de Lavapiés donde encontró gente que en una par de horas le puso en contacto con su pariente. Esa misma noche, ya pudo incorporarse al apartamento que su primo compartía con otros cuatro hombres mourides.

Es importante considerar qué forma urbana es la que de manera eficaz es capaz de acoger este evento: no es una ciudad sino un ensamblaje transnacional fragmentado (2). En esta constelación urbana los dispositivos construidos –como los apartamentos, la mezquita, los centros de llamadas, los supermercados africanos y los restaurantes senegaleses en Lavapiés– se activan dentro de la escena urbana por medio de la interacción con un amplio rango de tecnologías diversas que incluyen teléfonos celulares, alfombras, altavoces, plataformas online y servicios de mensajería de dinero. Este urbanismo no está configurado por la ciudad propiamente dicha –su trazado y los volúmenes o los espacios que crean sus edificios– sino por una asociación de dispositivos diversos que interactúan para producir un ecosistema interescalar de sujetos y entidades heterogéneas. Fragmentos de esta constelación pueden encontrarse en los espacios compartidos construidos colectivamente en las mentes y los libros de los creyentes mourides. Estos fragmentos están vinculados por su interacción y por la puesta en práctica de una dinámica cotidiana específica. Adquieren continuidad y colaboran por la mediación de llamadas telefónicas, de transferencias de dinero y de conversaciones telefónicas en los que se informa a los familiares sobre la llegada de los nuevos emigrantes. El urbanismo en el cual la familia mouride interactúa no es recintual sino performativo.

Pero además de desafiar la forma de lo urbano, este caso permite interrogar cómo se encarna lo político en las realidades urbano-arquitectónicas. En los últimos años, esta cuestión ha obligado a una serie de teóricos y profesionales a alinearse con una de dos posiciones: el tecno-determinismo o la tecno-neutralidad. Los deterministas sostienen que la forma de la ciudad y su contexto arquitectónico determinan por sí mismas la manera en que sus sociedades se componen. Los neutralistas, por otro lado, creen que la arquitectura es un actor neutro que potencialmente puede contener cualquier forma social, y que no determina la composición de las sociedades que alberga. En la FIGURA 1, ninguna de estas alternativas puede ser aplicada (3). No existe ningún dispositivo arquitectónico dentro de la imagen que por sí solo pueda producir la sociedad investigada. El apartamento donde viven los seis jóvenes mourides no podría crear por sí mismo el urbanismo cotidiano que se practica en su interior. Es una constelación de dispositivos, tecnologías y plataformas la que construye colectivamente este urbanismo 'fragmentado pero en interacción'. Al mismo tiempo es cierto también que los diseños y la constituciones materiales de las arquitecturas que como el apartamento, el supermercado africano o el mismo barrio de Lavapiés tienen una gran participación, aunque no única, en la manera en que el proceso se da. Por ejemplo, las dimensiones del apartamento y su posición en la calle son determinantes para que el proceso de reinserción sea posible. Uno de los espacios incluidos en la imagen fue alguna vez una unidad doméstica, pero en el momento de nuestro estudio albergaba una mezquita mouride. Las características espaciales del antiguo apartamento eran las que hicieron posible su reprogramación como mezquita. El espacio era diáfano, y su acceso no perturbaba la tranquilidad de la habitación principal. Existe una autonomía embebida en la con guración espacial del apartamento, como señalaba Aldo Rossi, pero no es una autonomía absoluta. Para formar parte del urbanismo mouride, el apartamento necesitó movilizar 'nuevas tecnologías' y someterse a muchos ajustes y transformaciones que resultaron necesarias para que pudiera llegar a formar parte del urbanismo transnacional de la Hermandad Mouride. Sin considerar el papel arquitectónico y urbanístico desempeñado por los libros, altavoces y tapices con imágenes de enclaves sagrados de Touba en la transformación de lo que inicialmente era una vivienda, la inserción de la mezquita en una red de dispositivos (que incluían a los restaurantes y supermercados africanos de Lavapiés; así como el tejido de apartamentos compartidos por hombres mourides distribuidos en diferentes ciudades europeas) prácticas y performaciones que facilitaron el uso colaborativo de esta constelación tecnosocial, no sería posible entender los ajustes que mediaron en la evolución en el uso y el comportamiento político de la unidad doméstica en el proceso de transformación de apartamento en mezquita. La agencia política de los dispositivos arquitectónicos es compartida. Por un lado, está la agencia que proviene de la autonomía de los objetos, de su con guración material, espacial y tecnológica; pero ésta es compartida y negociada con la agencia de las redes asociativas, participadas por tecnologías, entidades y mediaciones diversas, de lo que los objetos participan. Los potenciales y las limitaciones de cada dispositivo interactúan con los de otras entidades y juntos dan lugar a tejidos technosociales heterogéneos.

La política se aloja en una permanente negociación entre los efectos y las capacidades de afección e influencia de los objetos arquitectónicos, y los efectos y las capacidades de afección e influencia de la interacción temporal de éstos con redes de entidades otras.

Al considerar las inteligencias que configuran las interacciones entre diferentes sujetos o entidades, el papel que desempeña el cálculo es un factor relevante, entre muchos otros. El cálculo permite en parte explicar cómo los miembros de la familia extensa quedaron distribuidos en un alojamiento transnacional discontinuo. El cálculo de riesgo contribuyó a seleccionar Lavapiés como el escenario que podría aglutinar las actividades de los jóvenes inmigrantes en un entorno que puede ser recorrido a pie, y por tanto alejado del riesgo de detención de la red de metro. El cálculo de costes contribuyó a definir la manera de organizar las comunicaciones telefónicas entre la matriarca de Touba y el primo de Madrid. En estos cálculos, las socio-geografías quedan codificadas en parámetros de costes, ganancias, duración y poblaciones; y discutir y explorar sus alternativas es en parte la actividad que mantiene estos urbanismos unidos.

Tal como pudimos observar, en el uso de las redes de telefonía, los miembros de la Hermandad invirtieron una cantidad significativa de horas de trabajo, comparando las diferentes tarifas telefónicas disponibles. Casi todos los miembros de la familia radicados en Madrid participaron de estas comparaciones, consultando una amplia variedad de sitios web en los que se proporcionaba información sobre tarifas en diversos formatos. Los datos procedentes de diferentes fuentes debían traducirse a un lenguaje común, fijado en cuadernos escritos a mano, que permitiesen la comparación. Los resultados fueron luego discutidos en conversaciones informales, involucrando a toda la comunidad en una interacción intermitente que ayudó a crear un criterio colectivo, aplicado luego en la conversación telefónica específica a la que me he referido. A pesar de que el objetivo principal del esfuerzo colectivo de cálculo era reducir el costo operacional de la micro-sociedad –algo que es obviamente una parte central de la constitución que la mantiene unida– otros propósitos se cimentaron en el proceso. La competencia entre individuos para ganar autoridad y prestigio a través de la discusión, o para evitar el riesgo que esta constituía, marcó distinciones sociales entre los diversos roles que los individuos terminaron desempeñando dentro del grupo. La actualización de los cálculos a lo largo del tiempo brindó, a aquellos miembros del grupo menos adaptados a las tecnologías y los aspectos prácticos del funcionamiento en la ciudad, oportunidades de ser introducidos en este saber por parte de aquellos más preparados. El cálculo fue en sí mismo una actividad colectiva que contribuyó a la evolución del grupo.

Es importante considerar también que los miembros de la familia extensa mouride no eran los únicos haciendo cálculos. Por ejemplo, la presencia de la policía en el metro era el resultado de un cálculo espacial(4). La linealidad y la unidireccionalidad de las rutas del metro, su capaci dad para concentrar personas durante las horas punta, y la existencia de personal de seguridad en la mayoría de sus accesos permitieron a los agentes policiales optimizar su capacidad para controlar a una gran cantidad de personas, reduciendo el coste derivado de los intentos fallidos de detención. Las tarifas de las compañías telefónicas, por poner otro ejemplo, son el resultado de cálculos complejos destinados a optimizar el coste en alquiler de redes de telecomunicaciones. Se trata de cálculos en los que no sólo participan seres humanos sino principalmente sistemas digitales que basan su funcionamiento en un sinnúmero de cálculos complejos.

En la FIGURA 2, una madre y su hijo de diez años viven en las afueras de la ciudad en un apartamento alquilado en la misma manzana en que residen los padres de la madre, que cuidan al hijo mientras la madre trabaja. Este modelo relacional con gura la forma en que la madre emerge como un componente de la vida urbana. El uso de plataformas de contactos como Match.com, permiten a la madre desarrollar relaciones afectivas on-line que ocasionalmente favorecen encuentros off-line que, de vez en cuando, incluyen encuentros sexuales en un apartamento propiedad de sus padres en el centro de Madrid. A pesar de que la madre hubiera preferido vivir en el centro de la ciudad, vivir cerca de sus padres le permite reducir el gasto del alquiler, reducir la necesidad de ayuda externa remunerada en el cuidado de su hijo e incluso mantener su carrera profesional activa y competitiva, con la posibilidad de asistir a congresos profesionales durante los fines de semana, sin poner en peligro su economía. La madre tomó su decisión después de un proceso deliberativo en el que discutió escenarios alternativos con distintos amigos y familiares. Este proceso podría entenderse como un cálculo colectivo (tanto humano como no-humano). La decisión de trasladarse a la manzana de sus padres no facilitaba el desarrollo de una vida sexual activa y variada, una vida sexual que no se daba con tanta facilidad a un ámbito residencial en las afueras de la ciudad, alejada de los centros de vida nocturna y en la que escaseaban las oportunidades espontáneas para encontrar potenciales amantes. Aquí, el uso de tecnologías digitales jugó un papel crucial. Dichas tecnologías permiten el acceso a un espacio de negociación en el cual el urbanismo cotidiano de la madre, pudo expandirse y ganar acceso a una mayor cantidad de posibilidades de contacto con potenciales parejas afectivas y sexuales. Cuando se consideran en detalle, los procesos de profiling y de negociación que conducen a potenciales encuentros sexuales, tal como ocurren en el espacio virtual de Match.com, podrían ser descritos como procesos de cálculo colectivo. Los perfiles reconstruyen a los seres humanos como colecciones de opciones. La edad, la altura, los ingresos, la distancia, la urgencia y la disponibilidad para el sexo o el romance se presentan como la información que orienta el arranque y evolución de los procesos de negociación. Sin embargo, la mediación digital no proporciona un resultado automático, sino un marco para una dinámica tentativa de prueba y error, susceptible de acumular conflictos, políticas, fracasos y accidentes. Nunca existe un único cálculo, sino un urbanismo de cálculos. Las tecnologías digitales en este caso no dejaron obsoleto el cálculo analógico, por ejemplo, en el momento en que la madre discutía las opciones con sus amigos. Ambas tecnologías se ensamblaron en esta puesta en escena de la evolución de las interdependencias urbana.

Fig 2.

Reconstrucción del urbanismo de un grupo familiar compuesto por una madre, su hijo y una serie de seres humanos y dispositivos distribuidos entre Londres y Valdemoro. Andrés Jaque / Office for Political Innovation 2012.

Las historias de la madre y del del grupo mouride no podrían contarse sin detallar la participación que en ellas tienen objetos arquitectónicos específicos, como la mezquita, los apartamentos, el supermercado africano, la granja familiar en Touba o el bloque de apartamentos en la periferia de Madrid. Estas arquitecturas no sólo encarnan y ponen en juego las intenciones de sus diseñadores iniciales, sino las capacidades que sus propias materialidades encarnan, e incluso las trayectorias tecnosociales de las que forman parte. En ambos casos la calculabilidad conecta la agencia propia de los objetos con las de las redes de las que forman parte.

En las últimas décadas la discusión del papel del cálculo en arquitectura representó todo un contexto de mutación y de discusión. La posibilidad de una arquitectura más avanzada –que incluso llegaría a dejar obsoletos modos anteriores de práctica arquitectónica– surgiría, según estos argumentos, de tecnologías digitales con grandes capacidades de cálculo. En versiones conclusivas de todo ese contexto, es todavía común encontrar argumentos que presentan el parametricismo en arquitectura como un nuevo paradigma arquisocial y a la vez como un 'nuevo' modernismo. Una nueva era para la arquitectura, por la que por fin alcanzaría la autonomía respecto de la disputa, la diversidad, la heterogeneidad (la autonomía respecto de lo político). Sin embargo estos argumentos se muestran sociológicamente desinformados ante el conocimiento que ofrecen los casos de la familia extensa mouride y el de la madre y su hijo. El cálculo digital, en estos casos, no es una versión avanzada de los modos de cálculo previos, sino uno entre una variada cantidad de regímenes tecnológicos y epistemológicos. La persistencia de estos (5) diversos regímenes no es el aspecto residual de un proceso de evolución que conduciría a la extinción de las tecnologías no digitales. La relevancia social de las tecnologías digitales se genera en su interacción con tecnologías no digitales.

En estos dos casos, en los que una cantidad compleja y sostenida en el tiempo de fuerzas de cálculo participan en la elaboración de interacciones urbanas, sería muy inexacto decir que una forma volumétrica fija es el único resultado que estas fuerzas producen. En realidad más que producir, movilizan, y es en de nitiva una serie de diversas realidades sociales –la relación de una madre con su hijo, la demarcación de personas dentro de un entorno urbano, la forma en que los espacios online y offline negocian continuidades y discontinuidades –las que son afectadas por el efecto de los cálculos que experimentan estas dos arqui-sociedades.

Por último, mientras la cuantificación ha sido el argumento para insistir respecto de la desconexión entre arquitectura y política, siendo incluso el primer paso hacia prácticas arquitectónicas post-políticas; a la luz de estos casos específicos, puede observarse que la cuantificación no genera espacios de convergencia y no proporciona coherencia social. Es precisamente la heterogeneidad lo que favorece el urbanismo transnacional mouride. La heterogeneidad de la demarcación múltiple es la estrategia de adaptación frente a la imposibilidad de encontrar confort en una demarcación única en Touba. De una manera similar, la digitalización del espacio del sexo introdujo una capacidad ampliada que en lugar de homogeneizar o despolitizar inyectó heterogeneidad y fricción con lo diferente en el ecosistema familiar de la madre.

Las acciones basadas en cálculos son impulsadas por demarcaciones sociales diferentes y en constante evolución, desarrolladas en secuencias temporales desincronizadas y atendiendo a intereses, ideologías, sensibilidades, apuestas y programas diversos, en muchos casos, enfrentados. El cálculo, en estos casos, no estará entregando ni consenso ni una sociedad post-política, sino más bien un urbanismo de matemáticas diversas.